miércoles, 24 de agosto de 2011

Una revolución retrógrada en Bolivia

Walter Reynaga Vasquez
reynagavw@yahoo.es

Comentando un trabajo de Diego Ayo, presentado en Aulalibrebol: LAS REVOLUCIONES Y BOLIVIA (09-08-11).

"Bolivia vive una revolución: una revolución que ha exacerbado lo político. Es un momento de hiperinflación política que deja de lado 'otras revoluciones'. Aquellas contempladas en la agenda mundial." (Diego Ayo).

Sí, es cierto que con el MAS en el poder estamos en un proceso de cambio. Pero, no ante una revolución. Por definición, la revolución implica un cambio de estructuras nuevo y progresista. Y eso es lo que no se ve de los hechos del gobernante MAS. Por el contrario, lo que se ve en cancha es que está reviviendo el viejo estado y economía de la Revolución Nacional instaurado por el MNR el 52. Aquél que nos dejó al borde del desastre en 1985, con la economía por varios años en recesión y una hiperinflación de ranking mundial --Ayo no habrá tenido ocasión de vivir estas cosas--. Bueno, por aquí no hay revolución. Si la idea de los líderes del MAS es llevar el proceso hasta el socialismo pleno bajo el rótulo de Socialismo Comunitario o suma qamaña como han dado a entender en sus discursos y afanes ideológicos, coincidente con la estatización de la economía (que el mismo Ayo reconoce), el acoso a la empresa privada sumada a la creciente intervención en el mercado, y la nada de avance hacia una hipotética economía comunitaria, sumados al afán dictatorial expresado en la manipulación de la democracia, tampoco. Aquí tampoco hay revolución. Cómo podría haber revolución, cuando el objetivo es reproducir un sistema social ya descartado en el siglo pasado, y descartándose en este siglo, en su versión venezolana, como dice el ideólogo del "socialismo del siglo XXI", Heinz Dieterich:

"Si alguien me preguntara sobre el prestigio y la calidad del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela, yo tendría que responder diplomáticamente: El así llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’ en Venezuela es un ‘producto muy peculiar’, a tal grado, que mi única certeza es que ‘yo no soy Socialista del Siglo XXI‘. Decir otra cosa sería identificarse con una caricatura populista del Socialismo Científico del Siglo XXI y con los fantasmas (comunas, dinero comunal) que produce en nombre de Miranda y Bolívar. Una caricatura populista que dificulta enormemente la liberación de las masas trabajadoras por la ciencia ética del Siglo XXI." (DIETERICH, Heinz: "Karl Marx: yo no soy marxista", Tanitani, N° 489, 09-08-11).

Si la idea está en la economía comunitaria, tampoco. Porque esto no pasa de un slogan para los medios y para marear a la población ingenua. Ya que de este planteamiento, como modelo o forma de economía, no saben prácticamente nada. Nada que sea útil para avanzar en la práctica:

"Planteo esto porque es uno de los problemas que tenemos en la Constitución Política del Estado ¿qué quiere decir estado plurinacional, comunitario y autonómico? y, sobre todo ¿qué quiere decir lo comunitario? ¿Qué implica la dimensión comunitaria? […] tratando de entender estas estrategias económicas y sociales…" (1)

"Por razones tácticas, García Linera habla a veces del ‘socialismo comunitario’, que se puede lograr ‘pacíficamente en Bolivia". Su nebulosa definición ---‘es el reencuentro entre la sociedad política y la civil, que se caracteriza por un respeto supremo a la vida y la naturaleza y un apego a la comunidad’--- deja claro, que con el posmodernismo instalado en la Vicepresidencia de Bolivia no se instalará el Nuevo Socialismo en ese país."(2)

No hay revolución. Sólo un movimiento reaccionario del populismo de izquierda, que acentúa el discurso y la pose indianista como asume la pose ecologista o pachamamista, que luego sus actos desmienten (TIPNIS). ¡Cómo querrá Ayo hacer sus otras revoluciones en el marco de un proceso retrógrado!

"1. La revolución económica versus el capitalismo ilegal: lo que se denomina socialismo comunitario es en realidad el asentamiento de un capitalismo estadólatra, ilegal y especulativo." (Diego Ayo).

Esto de capitalismo de estado, o estadólatra, implica una confusión extrema de conceptos. Un capitalismo de estado, como algunos califican a la economía de la ex URSS, implica un capitalismo sin burguesía. Porque no se puede atribuir esa condición a los funcionarios públicos de turno. Donde tampoco habrá proletariado, porque el obrero de empresa estatal es dueño de los medios de producción en poder del estado del que es ciudadano, por definición constitucional. Como se ve, esto del "capitalismo de estado" no pasa de ser un error conceptual, que parte de confundir la economía industrializada con el capitalismo â€"una contradicción interna en la expresión--. Porque en la medida en que el estado se hace actor de la economía, en esa medida deja el sistema de ser capitalista. Ya que tres cosas son fundamentales en este sistema, la propiedad privada de los medios de producción, la compraventa del trabajo y el mercado.

"2. La revolución por los derechos humanos versus el capitalismo hiperconsumista: la revolución actual se sostiene, vaya paradoja, por lo que constituye el alma del capitalismo mundial: el consumismo, azuzado por los mayores ingresos de la ciudadanía (que son reales, pasando de 900 dólares per cápita antes de Evo a 1700 ahora). […]. Más modernidad acompañada de mayor vacuidad espiritual. La globalización tecnológica no corre paralela a la globalización moral o de los derechos humanos. No es que consumir sea malo, sin embargo hacerlo sin regulación estatal," (Diego Ayo).

Si, al margen de los prejuicios ideológicos y las obligaciones de militancia se ve esto de los Derechos Humanos, se verá nítidamente que las regiones del mundo donde mejor se ven estos derechos es en los países capitalistas y democráticos. No se puede decir lo mismo de los países bajo regímenes aún feudales o precapitalistas en transición, o los que van del socialismo real al capitalismo. Ni de los países bajo regímenes de democracia manipulada, como los de Gadafi, Bachar al-assad, Hajmadineyad, Chávez, Castro, Mugave, Putin, Morales, Obiang, etc. Y, en peor situación en los países todavía bajo dictadura del proletariado, como Corea del Norte, China, Vietnam, Cuba… Si alguien puede desmentir esto, con datos, que lo haga.

Es cierto que el consumismo es dañino, y con seguridad que hay mejores cosas que producir y consumir y de mejor manera. Que el potencial del aparato productivo capitalista puede asumir. Pero, esto no a costa de la pérdida de libertad de la ciudadanía y su derecho a decidir qué quiere consumir. Porque de esto de la regulación estatal, cuando el estado se ocupa de decirle a la gente qué debe y no debe, suele suceder lo que paso en la URSS y países similares, como en la Alemania Nazi, que el aparato productivo se ocupa de producir lo que la razón de estado o la revolución quiere, a interpretación de sus caudillos, como en contra de las necesidades de sus pueblos â€"¿saben lo que paso con el mar de Aral?--. Antes que esto, mejor será orientar el afán consumista o frenarlo por medio de la educación, la ideología… que bien pueden ser desarrollados desde el estado como desde las organizaciones sociales no gubernamentales ni económicas, como las iglesias, la familia, etc., sin dañar la libertad y los derechos humanos. Hiperconsumismo dice, no habrá leído el informe del Defensor del Pueblo dando cuenta de cómo la miseria obliga a nuestra gente a vender a sus hijos…

3. La revolución por la soberanía energética versus el capitalismo de Estado o capitalismo de transnacionales. […] Eso es grave pues seamos nosotros los que manejemos el negocio o sean transnacionales, lo cierto es que su uso va a beneficiar a brasileros y argentinos (al menos en un sentido productivo pues es evidente que su uso social, en bonos, es positivo). (Diego Ayo).

Y… ¿que recomienda sobre esto? ¿Cómo lograr soberanía energética? Esto de soberanía energética, alimentaria… está viniendo a ser una suerte de slogan de validez evidente, ya que nadie se ocupa de fundamentarla. Y, lo cierto es que constituye una suerte de traslación de un concepto de la política a la economía. Soberano es un pueblo o un líder o un grupo oligárquico… esto es, que se reconoce como autoridad máxima para tomar decisiones. Como soberana puede ser una persona, de sí misma. Pero, soberanía alimentaria… Querrá decir que el que tiene soberanía alimentaria es el que decide alimentarse como le dé la gana. O, el de la soberanía energética, que dispone de la energía como le da la gana, con libertad total. Pero, en un mundo, en una economía, donde todos dependemos de todos, como es que un país puede pretender soberanía energética. Por qué no también soberanía, además de alimentaria, soberanía cultural, soberanía de transporte aéreo, terrestre y marítimo, y soberanía religiosa, deportiva, de salud, soberanía sobre las materias primas, textil, financiera, tecnológica… Lo que implicaría un país que no requiere nada de nadie, un país autosuficiente. Pero, ¿puede ser algún país, autosuficiente? ¿Es económicamente conveniente, producir de todo para el consumo propio?

Esto no parece tener sentido, como no tiene sentido el buscar soberanía energética, ¿tiene Estados Unidos soberanía energética? No. Depende de la producción petrolera de varios otros países, incluida la Venezuela de Chávez, su enemigo. ¿Lo tiene Japón? ¿Europa? etc. No. La economía de la humanidad se ha desarrollado en un proceso de creciente interdependencia de las personas y los pueblos, cada uno produciendo lo que comparativamente le da ventaja. La actual globalización, que no es la primera en la historia, va en ese sentido, haciendo a los países cada vez más integrados y dependientes. Ni la URSS, país continente, pudo construir su socialismo en aislamiento autosuficiente, no pudo lograrlo ni con el COMECON, y mantuvo comercio con el mundo capitalista a pesar de buscar ser autosuficiente. La China, se acercó al mundo capitalista buscando tecnología y capitales, que no tenía. De otro modo, el desarrollo que ha logrado en 40 años no lo hubiese podido lograr ni en 400 años.

4. Una auténtica revolución política versus el peguismo de las organizaciones sociales. Los tópicos de mayor envergadura en la agenda internacional siguen dependiendo de la buena voluntad de las agencias internacionales. Los temas "agua", "pobreza", "género" y/o "cambio climático", no obstante su enorme relevancia son feudos cuasiprivatizados por cooperantes internacionales. Se trata de repolitizar estas áreas. No preservarlas como problemas técnicos sino profundamente políticos, requiriéndose, por ello, el concurso de la sociedad civil en su diseño y puesta en marcha. Por ende, se trata de pasar de un estado de capitalismo "soft" (liderados por los "amigos" cooperantes), a una auténtica revolución política. Los movimientos sociales, por ejemplo, carentes de una agenda proactiva (hoy su agenda es ante todo "aprovecharse" del Estado) serían los estandartes de esta revolución centrada en objetivos "superiores". (Diego Ayo).

Esto mismo reclama Raúl Prada. Pero, si los movimientos sociales tienen por agenda el: ante todo "aprovecharse" del Estado, ¿cómo es que se puede romper con esta actitud? Cómo romper con una tradición antigua asentada en una cultura que viene desde el tiempo de la colonia española, fundada en la idea de que el poder está al servicio del representante? ¿Cómo hacer que nuestros líderes dejen sus hábitos por objetivos superiores? ¿Revolución moral? Cómo se hace esto. ¿Predicando?

Otra cosa es la cooperación, cuyo fundamental problema está en la hegemonía del pensamiento populista y el subjetivismo voluntarista junto a la típica insensibilidad de una burocracia satisfecha, que puede salir indemne ante cualquier resultado que logre o no logre. ¿Existe algún país que haya encontrado el desarrollo por medio de la cooperación?

5. La revolución científica/educativa versus el capitalismo militarista. Los recursos fluyen hacia el sector militar. […]. La ciencia no puede quedar opacada por los rifles. Por ende, debemos pasar de reformas patrimoniales de seguridad pública â€"lo que se bautizó como gobernabilidad patrimonial- a una auténtica revolución del conocimiento. Lo que se perfila es una imprescindible revolución educativa/científica que no descuide el rol de garante de la seguridad pública de policías y militares, pero tampoco lo torne hegemónico y excluyente (además de profundamente patrimonial). (Diego Ayo).

Y otra vez está el, cómo. Que el saber y la ciencia son mejores que las armas. Que todos nuestros dirigentes deben ser buenas personas y no como ahora buscapegas. Que la cooperación debe ser más útil. Etc. Etc. Podemos hacer una larga lista de lo que debe ser y debemos ser. Pero, cómo. Es aquí que está lo importante. Como en la ciencia, lo valioso no está tanto en la hipótesis como está en la forma de sostenerla. No vale tanto el objetivo, que es fácil de imaginar, sino el cómo se ha de conseguir. Y, como las personas son fundamentales en la actividad social, la cuestión central está, en cómo se puede conseguir de la gente que haga lo que se espera que haga para avanzar hacia el objetivo. Eso que para nada han visto nuestras dos reformas educativas, de sus principales actores los maestros. De donde resulta que el tiro les sale por la culata. ¡Cómo se nota la ausencia de teoría!

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(1) PRADA, Raúl: "Comentario de Raúl Prada", sobre Wallarstein: "Redefiniciones históricas de nación, etnia y clase en el contexto del sistema mundo-capitalista", en "Pensando el mundo desde Bolivia, I ciclo de seminarios internacionales", Ed. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, octubre 2010, La Paz, Bolivia, p. 441.

(2) DIETERICH, Heinz: "Hugo Chávez, Fidel, Evo y Correa no construirán el Socialismo del Siglo XXI", Tani tani, Boletín electrónico, Nr.441- Año V, 12 de abril de 2011.