lunes, 12 de septiembre de 2011

CRISIS DE LIDERES

William Javier Aguilar Cruz
wjacvidanueva@gmail.com

La crisis boliviana en materia de liderazgo se profundiza cada día más, y esto no es ninguna novedad, es una crisis que lleva décadas en su ocaso.

La plaza Murillo, icono del Poder Ejecutivo en Bolivia constituye el centro de atención en cuanto a información se refiere, toda vez que lo que se dice, se hace, no se dice o se deja de hacer tiene repercusiones políticas, económicas, sociales, culturales y un largo etcétera en los casi diez millones de habitantes bolivianos. En ese sentido, la lógica mínimamente racional permite deducir que los actores principales de los eventos que allí se suceden deberían ser los mejores, acaso verdaderos líderes con características muy particulares.

Esta crisis ya raya en lo insostenible, particularmente en lo político y como producto de ello entraron en escena futbolistas, artistas, médicos, vendedores de libros, sindicalistas, terroristas, periodistas, cocaleros, que en más de los casos y con el perdón de los mismos, una vez sentados en la silla no saben qué hacer, profundizando más aún esta dificultad.

Bolivia se encuentran en un punto crítico de su historia, contamos con bastantes recursos naturales y un gran deseo de alcanzar la estabilidad social, económica y política: la única esperanza que se tiene para sostener un futuro positivo es fundamentar estos recursos y energía en un compromiso para desarrollar una sociedad basada en principios y valores universales y duraderos donde el bien común será la meta principal y no así intereses sectarios e intolerantes, individuales, familiares o de otra índole.

Los medios masivos en Bolivia y en todo el continente están llenos de cuadros dramáticos que reflejan profundos problemas y a la vez desafíos al liderazgo de todas las instituciones tales como el gobierno, la empresa privada, la educación, la iglesia, etc., de ahí que los líderes actuales y los emergentes tienen que resolver problemas estructurales tales como la pobreza, la inseguridad en las ciudades, la violencia, la desconfianza al prójimo y a la comunidad, el alto índice de impunidad que estimula la corrupción, delitos comunes. Reducir la mortalidad infantil, enfermedades, profundas implicaciones sociales como el SIDA, educación no enfocada en las necesidades del desarrollo nacional, falta de investigación, muchos bachilleres no saben diferenciar el uso de la "c", de la "s", menos de la "z". En fin, la necesidad de tener un plan nacional integral que llegue a cada rincón de esta nación y permita experimentar su milagro integral y no solamente económico.

El carácter criollo de hacer política en Bolivia se ha reducido a un simple espectáculo de acusaciones y contra acusaciones, de investigaciones que nada más hacen despertar el morbo del ciudadano; pareciera que gana quien investiga más de lo negativo de una persona. Asimismo el descredito de quien dice algo, alegando que tal o cual no tiene moral para opinar, por lo tanto nadie puede cuestionar nada a los eventuales "dioses" de Palacio de Gobierno.

Respecto de este tema, ha corrido mucha agua, pero es importante insistir que uno de los desafíos, el más importante a estas alturas de la historia de Bolivia, es profundizar un cambio de estructuras acorde a la realidad de la macro economía mundial, de la política internacional, de las demandas del ciudadano común y no así del capricho circunstancial de algunos "políticos" que supuestamente llevan la voz del pueblo, del humor de cómo despierta el Presidente, de las impetraciones de quienes apostaron al partido en función de gobierno a manera de pasar la factura y una serie de mecanismos que hicieron de nuestra política todo un carnaval.

Seguiremos reflexionando…