viernes, 7 de octubre de 2011

de viejas y nuevas marchas

Scarleth Guevara
guevara_scarleth@yahoo.es

No cabe duda que "la marcha" o el marchar tiene un significado particular en Bolivia. A diferencia de otros países, este mecanismo de movilización fue y es utilizado como una forma de visibilización de problemáticas y actores en un escenario en el que los canales tradicionales de participación política son insuficientes.

No obstante, puede separarse dos formas de marchas: la primera, la sectorizada, que generalmente va unida a demandas de incrementos salariales, como en el caso de las innumerables movilizaciones del magisterio, universidades, etc. La segunda, las marchas nacionales, o intersectoriales. Este tipo de movilizaciones, como en el caso de la marcha de los indígenas del TIPNIS, responden a otro tipo de dinámica, que no es de petición, sino de denuncia y de interpelación al sistema imperante.

En este sentido, cabe preguntarse, qué es lo que la actual marcha del TIPNIS denuncia y a quiénes o qué interpela. Para responder esto, cabe hacer un poco de memoria y recordar otra marcha, la de abril de 2001. En aquella movilización se exigía el fin de la erradicación forzosa. Es interesante recordar aquella marcha, porque fue la última en la que participó el actual presidente Morales, además del ex ministro Llorenti. Dicha movilización fue intervenida varias veces utilizando la misma estrategia que se usó contra la marcha del TIPNIS, es decir, movilizando un número elevado de policías (en aquel entonces el GES, ahora UTOP) que tomaron a los marchistas por sorpresa, no solo dispersándolos, sino también ingresándolos en vehículos destinados a llevarlos a un destino incierto. En 2001 la marcha de Morales llegó a La Paz, donde también fue dispersada y no encontró el apoyo esperado, los cocaleros retornaron a Cochabamba, Evo Morales perdió su curul, hubieron enfrentamientos por un mercado de acopio de coca, mes s más tarde salió segundo en las elecciones, pasó lo de octubre de 2003, en fin, lo demás permanece en el discurso y en la memoria reciente. Es más, el actual gobierno hizo uso de todos esos acontecimientos para legitimar su proyecto y muchos creyeron en la posibilidad de dirigirnos por un nuevo camino, uno que supuestamente era más democrático, en el que iba a terminarse con el racismo, en el que los mecanismos democráticos se profundizarían… años después, volvemos a marchar.

La marcha a favor del TIPNIS no solo significa preservar un territorio indígena y reserva forestal, sino poner en tela de juicio el supuesto equilibrio masista. Los últimos años el presidente y sus ministros se llenaron la boca hablando de los pueblos originarios. Todo se sumó en un maniqueísmo facilón: o se era indígena originario parte del "proceso de cambio" o k´ara derechista oligarca, las diferencias no tenían lugar. Gracias a ello el gobierno logró desactivar innumerables focos de conflicto, desde los cabildos autonomistas de oriente, pasando por la aprobación forzada de la actual constitución. El discurso imperante era masista, los sectores que fueron históricamente críticos con todos los anteriores procesos parecían sumados en una especie de docilidad y domesticación autoimpuesta. El fanatismo con el que se defendía cada acierto y desacierto del gobierno iba creciendo. A pesar de que las voces críticas se iban sumando, y muchos miembros del "cambio" lo abandonaron, todo parecía destinado a seguir el curso determinado por el MAS, hasta la movilización del TIPNIS. A partir de este hecho, la supuesta homogeneidad propugnada por el gobierno mostró sus grietas, o mejor dicho, nos mostró cual es la clientela directa del proyecto masista. Pero también permitió que sectores que hasta ese momento se encontraban dispersos encontraran puntos en común. Y porqué no decirlo, reconstruir los puentes entre oriente y occidente por medio de la solidaridad con los pueblos de tierras bajas.

El próximo 12 de octubre los clientes VIP del MAS pretenden movilizarse en apoyo al "proceso de cambio". Durante los gobiernos "tradicionales" se utilizaba a la policía para poner fin a movilizaciones incómodas, desde hace unos años se sumó a los "movimientos sociales" para quitar del medio a cualquier inconforme. Estas movilizaciones no son solo una muestra de poder del actual gobierno, es una forma de mostrar que aún tiene sectores supuestamente incondicionales, una pequeña muestra del poder de movilización violenta que tiene. Ahí donde no se puede utilizar a la policía o a los militares por esos incómodos procedimientos legales y eso… eso que se llama estado de derecho, ahí entran sus "movimientos". A ellos se les permite decir y hacer lo que el gobierno por respeto a las "buenas costumbres" no puede. Se les permite degollar perros, amenazar, golpear… Si se quiere, el 12 de octubre podremos ver el alcance real del poder masista, como en otros países, otros gobernantes muestran a sus milicias armadas, nosotros veremos chicotes y ponchos rojos.

Marchas y contramarchas, las dos significan movimiento. Unas movilizan la solidaridad, el cariño y hasta la esperanza, y otras movilizan los miedos, los odios y la confrontación. Unas irán a la historia como la marcha por el territorio y la dignidad de 1990, que como la actual del TIPNIS, nos recuerda que somos oriente y occidente que somos de tierras bajas y altas, que comemos yuca y papa, que vivimos en un mismo lugar, y que a pesar de nuestras diferencias, ¿porqué no decirlo?: nos queremos. Y otras, que esperemos ni siquiera pasen a los libros de historia y que sean solo un mal sueño.