martes, 8 de noviembre de 2011

¿Es posible coordinar un gasolinazo?

Jose Gabriel Espinoza Yañez
gabrielespinozayaez@yahoo.com


La posibilidad de un gasolinazo ha entrado de nuevo en la discusión actual, cosa que sinceramente es bastante saludable, no sólo porque las cuentas del Gobierno no son lo que eran (o lo que decían ser), sino también porque la ilusión de energía barata ha llevado a nuestra economía, con sus precios artificialmente baratos, a separarnos paulatinamente de la dinámica mundial; lo invito a usted a averiguar cuánto cuesta una Coca-Cola en el aeropuerto de Santiago, el taxi de un barrio a otro en Lima o un almuerzo en Nueva York y ni hablar de una buena educación, cosa bastante preocupante si se pone a pensar que una buena educación es sinónimo de mejores oportunidades.

Sin embargo, a la gran mayoría de los hogares, me dirá usted estimado lector, no le interesan los precios de afuera. Y esa observación es absolutamente cierta, cosa que lleva entonces a la primera condición básica que debería cumplir una medida tan necesaria como el gasolinazo: coordinar esta nivelación de precios con el mundo preservando el bienestar de los hogares en Bolivia.

Aquí quiero detenerme en los datos del consumo de los hogares. Una mirada rápida a las encuestas de hogares que hace el INE, año a año, nos dice que no sólo los hogares más pobres consumen menos que los más ricos, sino que también deciden menos. Para explicar esto, mejor un ejemplo: un hogar rico, digamos con dos autos, ante una subida del precio de la gasolina podrá dejar de usar uno de los autos, podrá cambiarlos por autos más económicos o en el extremo empezará a usar transporte público, sólo que en este caso usarán muy probablemente la mejor calidad de transporte público.

Lo que sucede entonces es que esta familia, al tener más opciones disponibles, puede recomponer su canasta de consumo, de tal forma que si bien pierde un poco del confort del que disfrutaba, en el mejor de los casos no va a gastar más. Por otro lado, una familia pobre, cuyas opciones de consumo son más limitadas, no tiene otra opción que asumir el incremento en el costo del transporte, básicamente porque los miembros de esta familia casi con seguridad ya usan los medios de transporte más económicos posibles.

Por lo tanto, para que esta coordinación necesaria de precios internos y externos (o gasolinazo) sea eficiente (que logre su objetivo) y efectiva (que se realice sin que la población se oponga), debe empezar por tomar en cuenta las diferencias entre los hogares, no sólo en el gasto, sino en las oportunidades de elegir que tienen cada uno de ellos.

Un buen ejemplo de esto es Irán, que hace unos años aplicó un gasolinazo importante. Lo interesante de este caso es el sistema de transferencias directas transitorias a las familias (o bonos) que organizó sobre la base de encuestas a hogares muy similares a los que tenemos en Bolivia. El dinero para estos bonos era el que se utilizaba para pagar la subvención, lo que significa que en vez de subsidiar gasolina a los países vecinos, se empezó a dar dinero directamente a quienes más lo necesitaban, cosa que logra más bienestar sin aumentar el gasto.

Evidentemente, ésta es sólo una de las medidas que deberían ponerse en práctica para establecer las condiciones mínimas para que una necesaria nivelación de precios se pueda llevar adelante, que debe ser acompañada de incentivos a la producción y generación de empleo, ajustes fiscales (es decir, un Gobierno verdaderamente austero) y políticas para controlar la inflación.

Para finalizar, lamentablemente para este tipo de medidas no existe una receta, sin embargo, y a diferencia de muchas otras ocasiones en las que nuestro país encaró una medida como ésta, hoy tenemos suficiente información sobre los hogares, la capacidad para utilizarla y el espacio fiscal (aún) para lograr que este gasolinazo no sea tan traumático como varios de los anteriores en Bolivia. El desafío entonces es aprovechar estas condiciones tan poco usuales.