martes, 27 de marzo de 2012

LO FISCAL, LO MONETARIO Y LA CRISIS FINANCIERA

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Grecia se aleja del default al lograr renegociar su deuda pública con sus acreedores reduciéndola significativamente. Se dice que la misma alcanza una quita de más del 50 por ciento. De esta manera Grecia abre la puerta para seguir aumentando los préstamos externos, que alcanzarán a los 200 mil millones de euros y que representa alrededor del 48 por ciento de su PIB, provenientes fundamentalmente de la Unión Europea (85 %) y del Fondo Monetario Internacional, como parte del paquete de ayuda financiera para enfrentar su grave crisis financiera. Estos recursos le permiten a Grecia honrar sus obligaciones financieras cuando vencen, de esta manera eliminar el peligro del default y dar tranquilidad a la "exuberancia irracional" de los mercados financieros. Junto a este escenario Grecia cerró su tercer año de depresión económica, con una caída económica del 7 por ciento en 2011 y un desempleo del 20 por ciento.

Vale la pena recordar que Bolivia se benefició con una quita de deuda con la banca internacional, a fines de los años 80 del siglo recién pasado, que significó un 89 por ciento y cuya diferencia fue cubierta por la cooperación internacional. En verdad Bolivia no pagó nada de esa deuda.

La crisis europea actual es una prolongación de la crisis financiera de 2007-2008, que se desató en EE.UU. como una crisis de deuda privada, que luego trocó en crisis de deuda pública, debido al enorme financiamiento que tuvo que dar la Reserva Federal en favor de los bancos, con el propósito de impedir la llegada de una gran depresión económica.

Es evidente que la eclosión crediticia privada que se había dado en EEUU desde principios del siglo XXI llevó de pronto, como consecuencia de esa "irracionalidad exuberancia" que caracteriza a los mercados financieros a unas abruptas caídas de los precios de los activos financieros, en todos los mercados, y que de tiempo en tiempo suceden. En esta oportunidad con claridad se dio inicio a una dramática deflación de precios de los activos financieros trayendo el inmediato encogimiento de los activos financieros de los bancos. Esta grave situación, que de mantenerse hubiera llevado a un grave depresión económica como la de los años 30 del siglo pasado, obligó a la Reserva Federal de Estados Unidos y al mismo Tesoro Americano a colocar ingente cantidad de dinero en las instituciones financieras afectadas y, en general, a todas, con el propósito de impedir que caiga la actividad crediticia normal, como había sucedido en la Gran Depresión de los años 30. De esta manera, el propósito fue mantener el comportamiento de la demanda agregada a nivel de pleno empleo. No se logró porque el mundo enfrentó una recesión económica el año 2009, pero sí se impidió caer en depresión económica y permitió que la economía mundial se reactivara en los años siguientes. Pero el resultado de esta política efectuada, primero, en EEUU y, luego, en Europa disparó la deuda pública a niveles nunca antes vistos.

La crisis 2007-2009 se la enfrentó en el mundo desarrollado por medio de: estímulos fiscales, saneamiento del sistema bancario con apoyo fiscal y con una política monetaria y fiscal expansiva. Ha sido demasiado expansiva, razón por la que se ha revertido completamente la deflación de precios de activos financieros.

El problema europeo y de EE.UU., hace rato, es que sus gobiernos gastan muy por encima de lo que recaudan en impuestos, diferencia que la financian con una creciente deuda. El déficit fiscal continuo, en las circunstancias actuales, implica obtener financiamientos que se los consigue cada vez más caros. Es importante destacar que el nivel de la deuda pública de los países desarrollados ya estaba elevado antes de la crisis. El vaso ya estaba lleno de agua. La crisis lo que hizo es hacer rebalsar el vaso. El problema es que nadie nunca sabe cuando puede rebalsar.

Las medidas de ajuste están en curso en Europa, tales como: la reducción de salarios y pensiones, despido de empleados públicos, reducción de la burocracia, flexibilización laboral, cierre de instituciones prescindibles y privatización de empresas públicas, y, responden a la inexorable necesidad de una consolidación fiscal, no para reducir el nivel de la deuda pública alcanzada, sino de impedir que siga subiendo a los ritmos irracionales del pasado. Esto genera un gran descontento social. Adicionalmente, es imprescindible la capitalización de la banca con el propósito de un mejor control de la expansión monetaria.

La flexibilización del mercado laboral es un reto de inevitable cumplimiento si se quiere apaciguar el descomunal descontento social que está viviendo Europa, principalmente en su población joven, cuyo principal problema es el desempleo, y por tanto, la falta de ingresos. Además es la manera de que el mundo desarrollado retome el crecimiento. La tasa de desempleo es significativa. La zona del Euro tiene una tasa del once por ciento y EE.UU. el nueve, pero que se incrementa enormemente cuando se desglosa por edades. En España la desocupación juvenil está en el orden del 50%, en Grecia del 48 %, en Italia del 30%, Inglaterra con 22 y EE.UU. con 18. Este preocupante hecho económico se produce porque los salarios son demasiados elevados para la gente que quiere trabajar por primera vez. Con esos elevados salarios los países desarrollados no son competitivos frente a China e India, que pagan salarios muy bajos, y que son sus actuales importantes competidores.

Sería deseable que como parte de la reducción del gasto público en los países desarrollados también se diese una fundamental reducción del gasto militar. Pero hoy este planteamiento es una quimera por la conflictividad política mundial.

EEUU no puede seguir abusando de la ventaja que tiene el dólar americano de constituirse en dinero mundial, de tener una moneda que sigue siendo un principal activo de refugio. Esto tiene que llevar a una necesaria competencia entre las principales monedas del mundo por demostrar, cada una de ellas, que son verdaderos instrumentos de mantenimiento de valor. En este escenario parece descabellado nuevas políticas fiscales expansivas, no sólo en EEUU sino también en Europa. El reto de los países desarrollados es aumentar productividad para ganar competitividad y cuidar el valor de sus monedas que son de uso internacional.

Es cierto que las duras medidas de ajuste que se están implantando, de manera inevitable, en los países desarrollados han dado origen a esos ya famosos movimientos denominados los "indignados". ¿Quienes son ellos? ¿Son pobres? No. Representan a gente de la clase media acomodada que están viendo disminuir su bienestar económico, por lo que politizan su descontento. La conclusión, no es la pobreza la que lleva a la eclosión social, sino las caídas del bienestar que se alcanzó gracias al capitalismo y al dispendioso gasto público.

Creo equivocado el planteamiento de que hay una crisis global del capitalismo dada por una sobreproducción general, que asistimos a una desintegración de la economía mundial, visión ligada al pensamiento marxista. Sí, estoy de acuerdo con quienes sostienen que existe, en general, un exceso creciente de oferta monetaria y un exceso de demanda por bienes y activos que son usados por los tenedores de liquidez como cobertura de corto plazo.

La crisis financiera actual no es el fracaso del capitalismo o de la economía de mercado, por el contrario éste sigue prodigioso y en expansión en el mundo mejorando el bienestar de la gente y disminuyendo la pobreza. La crisis refleja profundas fallas de los gobiernos en dos áreas de su competencia: la política fiscal y la política monetaria. Los gobiernos tienen la tendencia a gastar por encima a los impuestos que captan, hecho generalizado en el mundo desarrollado en el último medio siglo, llevando a una creciente deuda pública y con ello a la inflación de los precios de los activos financieros. Pero para que exista demanda creciente de activos financieros necesariamente tiene que haber abundante dinero lo que viene aconteciendo en el mundo desde hace rato. Y esto quiere decir que los bancos centrales de los países del mundo hasta ahora han fracaso en su misión que es el control del dinero, de la liquidez, y, por tanto, de la "irracional exuberancia" de los mercados financieros.

El reto de los países desarrollados es restaurar la solvencia de sus gigantescos e hipertrofiados mercados financieros. El problema es ¿Cómo? Se debe buscar una adecuada y realista regulación y supervisión de todos los mercados financieros, como parte de la función del control del dinero que tiene todo estado, y dado que los sistemas financieros, en cualquier parte del mundo, están plagados de riesgos y fallas que los hacen intrínsicamente vulnerables. Hay que tomar en cuenta que cuando los bancos centrales entregan ingentes cantidades de dinero a los bancos lo hacen también precautelando los intereses de los depositantes, que son la gente en general, y no "solo" por salvar banqueros.