domingo, 29 de abril de 2012

EL HOMBRE QUE SE SUPERO A SI MISMO

Adolfo Condarco Mariño
fito007@aol.com

El temblor que se registró ayer en Cochabamba (4,3 grados en la escala de Richter) podría ser un buen o mal augurio -el tiempo nos lo dirá- para la IX Marcha Indígena en contra de la construcción de la carretera por el TIPNIS. Vía de comunicación que integraría esa desbordante región de la amazonía con el occidente del país.

Los marchistas, después de un intento fallido a comienzos de semana, por algunos bloqueos que realizaron pobladores que exigen la construcción de la carretera, lograron reagruparse en Trinidad, dando inicio a una larga travesía con destino a esa mítica ciudad en el occidente del país, llamada Chuquiagomarka. Su mayor objetivo es el de evitar el Proceso de Consulta que establece una Ley para determinar, si las comunidades que viven en esa región aprueban o no la construcción de la carretera. Pero también es un secreto a voces, que los dirigentes indígenas tienen compromisos ineludibles con intereses económicos nacionales (cruceños principalmente), transnacionales y claro llunk´erío con la oposición.

Esta marcha "por la vida", como paradójicamente ha sido denominada por losasesores y auspiciadores (ONGs vinculadas a USAID), por un lado defienden el medio ambiente y por el otro la depredan. Según investigaciones, algunos dirigentes están involucrados y/o tienen vínculos directos con traficantes de madera, fauna y flora del TIPNIS.

La región amazónica de Bolivia, desde la fundación de la república, tuvo un control férreo de latifundistas y otros extraños llegados de allende la fronteras y también de los mares. Estos, de forma inescrupulosa y sin control, saquearon a manos llenas los generosos recursos naturales de estas tierras. Sin que gobierno alguno, anterior al de Evo Morales hubiera - siquiera- intentado contrarrestar esta tragedia. Tuvo que ser la llegada de enviados del capitalismo verde, ONGs que desde hace décadas tejieron redes de ayuda a las poblaciones de esta región. Entidades norteamericanas de "democracia y desarrollo" que cuidadosamente escogieron las áreas "energética" para operar. Lugares donde a cambio de "cierta ayuda" entramparon a sus pobladores a una condición de sumisión.

Con la llegada del primer presidente indígena a la presidencia, llegó también el reconocimiento, la inclusión y liberación de los pueblos indígenas en Bolivia. La Nueva Constitución, incluyó a los hijos no reconocidos en 1825, reconociendo a 36 etnias como naciones indígenas. A partir de entonces el gobierno, ha logrado grandes avances en lo económico, social y cultural, aunque todavía hay un largo trecho por andar. Se puede presumir como nunca, que Bolivia se encuentra entre las economías de mayor crecimiento en la región -según indicadores de organismos internacionales- aunque los sicarios de la pluma de emporios mediáticos opositores, digan, escriban y hagan hasta lo imposible por demostrar lo contrario.

Precisamente parte de la revolución democrática que está logrando la transformación de Bolivia, es la integración del país a través de carreteras. Evo Morales defiende esta postura desarrollista y reivindicativa con cuatro razones que son: Social, Histórica, Económica y Geopolítica.

Socialmente, las precarias condiciones en que viven los indígenas del TIPNIS, a pesar del bombardeo propagandístico que acompaña a la IX Marcha Indígena, con risibles consignas de laboratorio, tales como "defender la vida", "el Tipnis no se toca" y otros argumentos falaces, los habitantes de estas tierras amazónicas, han vivido desde tiempos inmemoriales, ajenos al desarrollo y alejados de las mínimas condiciones de vida, como salud, educación y vivienda. Por ejemplo, en casos de enfermedad, deben realizar largos y sinuosos viajes que duran días enteros, hasta encontrar una insuficiente posta de salud.

Por lo tanto, la construcción de una carretera, es una necesidad imperiosa para el bienestar de estos pueblos. Además de integrar a la amazonía con el resto del país, es indispensable para el desarrollo nacional.

Históricamente, se sabe que 30 por ciento del territorio boliviano en la amazonia está desvinculado de los valles y del altiplano, por ello es una obligación moral y material de cualquier Estado sea de izquierda o derecha de unir sus regiones, vincular su estructura territorial y social. En algunos lugares de la frontera con el Brasil, niños y jóvenes deben acudir a escuelas en ese país, donde se forman y aprenden en un sistema educativo e historia totalmente diferentes al nuestro.

Económicamente, la participación del Beni en el producto interno bruto (PIB), es decir del total de la riqueza de Bolivia con cuánto apoya y participa, es del 2,5% del 100 por ciento de la riqueza boliviana. La desvinculación que sufre este departamento ha hecho que mafias brasileñas, nacionales, latifundistas y otros inmigrantes hayan hecho de este territorio “una tierra de nadie”.

Geopolíticamente, la carretera Cochabamba-Beni y la carretera La Paz-Beni-Pando permitiría que ambos departamentos, puedan desarrollar sus propias capacidades económicas, sociales y culturales en completa libertad y rompiendo monopolios amenazantes de grupos de poder, provenientes principalmente de Santa Cruz. Por lo tanto, construir esta carretera es la decisión estratégica y geopolítica más importante de Bolivia del último medio siglo, apoyarla no solo constituye un acto de bolivianidad, sino también de humanidad y reivindicación con los habitantes de estas tierras, abandonados a merced de viles mercenarios por casi dos siglos.

La triste historia de Bolivia, un país como tantos en el continente, pero azotada con mayor intensidad por la inoperancia, desacierto y egoísmos de quienes tuvieron el poder en sus manos, convertida en un país tercermundista, un mendigo sentado en una silla de oro que se debatía entre las aspiraciones de progreso y justicia de su pueblo frente a la fuerza y violencia de la oligarquía gobernante. Un país con exuberante riqueza en recursos naturales, desde el cerro rico de plata del Gran Potosí, las pletóricas minas de estaño de Oruro hasta las inmensas reservas de hierro, gas natural y litio. A pesar de esta inconmensurable riqueza, irónicamente, un porcentaje altísimo de su población vivía sumida en la más completa mendicidad e incluso por debajo de ella. Herencia miserable de la derecha cavernaria y alcahuetería del imperialismo depredador yanqui.

Hoy los viejos oligarcas, entremezclados con la desesperada oposición, se debaten entre la vida y la muerte política. Después del rotundo fracaso de haber llevado al país a ser la triste cenicienta del continente, estos tránsfugas políticos se aferran a sobrevivir -en estos tiempos de vacas flacas, lejos de aquellos privilegios que ostentaron- reagrupándose en algunos partidos de oposición, hermanados con cualquiera que odie al "indio", incluso con grupos de miserables separatistas de comités cívicos como los de Santa Cruz y Tarija,

Desde sus cuevas, se encuentran en estas instancias, sacando a relucir todos sus métodos maquiavélicos, oponeniéndose a cualquier proyecto de desarrollo que emprende el actual gobierno, por supuesto, a la construcción de una carretera de integración del TIPNIS -Ay que quitarle meritos al Indio!

Sin embargo y como un efecto boomerang, cada éxito político y el crecimiento de Bolivia en los diferentes campos -reconocidos por el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, la OEA, la ONU- ha sido un latigazo moral en la consciencia misma de la oligarquía responsable del subdesarrollo boliviano. Doloroso azote ético y reivindicativo proveniente desde un genuino representante de la raza que ellos sometieron sin piedad: los indígenas.

Mientras tanto aquel humilde orureño, trompetista y pastor de llamas que aprendió a controlar los pisos ecológicos para su supervivencia, como le enseñanron sus antepasados. Cual existencialismo de Jean Paul Sastre, Evo Morales, trascendiendo a todas las miserias e inclemencia que el destino le puso en el camino, pudo finalmente superarse a si mismo y reivindicar el ámbito humano como único al que el hombre pertenece. Su ascenso hasta convertirse en el primer Presidente Indígena de Bolivia en el 2006, dividió para siempre la historia de Bolivia, en el antes y el después de Evo Morales. El amor por su país y ese trabajo de largas jornadas y agobiantes viajes, ha dado sus frutos. El país que se encontraba en la más completa ruina, ha renacido como el Ave Fénix de sus propias cenizas.

Los éxitos económicos son de conocimiento público, esa política de austeridad ejecutada, ha causado sorpresa e incluso, algunos países vecinos han imitado el modelo boliviano. No se puede tapar el sol con un dedo, hasta los más fríos analistas de derecha tuvieron que admitir -aunque en voz tenue- que la estabilidad económica boliviana, no tiene que ver tan sólo con el tema de mejores precios internacionales, sino con una gran gestión que ha ordenado la casa económica. Una economía por primera vez en su historia con superávit, que ha cuadruplicado sus exportaciones, que comienza a diversificar su estructura productiva; una economía con una gran distribución de la riqueza.

Este superávit que ha permitido incorporar beneficios sociales inéditos en la historia de Bolivia, como parte de la transformación de la sociedad boliviana. Es así que los bonos establecidos, tienen la misión de que los bolivianos puedan tener acceso a educación, salud y mejores salarios.

En estos años el mayor reto del gobierno, como especifiqué al comienzo de la nota, fue el reconocimiento de los pueblos originarios, que fueron olvidados olímpicamente por la Constitución de 1825, reivindicados en la Nueva Constitución Política del Estado Plurinacional. Los indígenas, hasta entonces eran considerados ciudadanos de última categoría, marginados del sistema. Las penurias de nuestros pueblos, relatadas por notables antropólogos y otros intelectuales honestos, coincide con la visión humanista del presidente Evo Morales y es â€"aparte de las otras cuatro razones planteadas- la razón moral para construir una carretera que integrará a la Bolivia separada y desintegrada por la mezquindad de unas cuantas familias poderosas que reinaron en estas recónditas tierras de la geografía boliviana.

"Volveré y seré millones", Evo Morales se ha convertido en el mejor presidente de la historia de Bolivia -sus logros están sobre la mesa- y también en un referente mundial de lucha en contra del capitalismo salvaje. Notoriedades que desconciertan a esa rancia clase oligarca y media estúpida, que en su desesperación y de forma nefasta y oportunista, han trepado a un mísero rincón de esa plataforma "ambientalista", oponiéndose rotunda e incongruentemente a la integración de Bolivia. Pero el Evo volvió y es millones!