domingo, 29 de abril de 2012

El PAPA, EL COMUNISMO, EL CAPITALISMO Y LA RESPONSABILIDAD CRISTIANA

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

La condena que hizo el Papa Benedicto XVII del "capitalismo salvaje" y el reclamo por una sociedad abierta en Cuba (en ocasión de su visita a este país), aderezada por comentaristas cercanos a la iglesia que hablan de la necesidad de buscar una tercera línea (ni comunista ni capitalista), a la vez que nos devuelve a un viejo tema, da evidencia de la confusión que prima en el pensamiento de la iglesia sobre las cuestiones de la realidad humana en la sociedad actual.

Los discursos de la curía vienen siempre en este estilo, reclamando ética, conciencia y bondad en la conducta de tales y cuales… pero, no más, ¿Será esto suficiente?

Hace años que se me asoma de tanto en tanto una inquietante pregunta: ¿Por qué la iglesia cristiana (católica y no católica, en sus distintas parcialidades…), tan dedicada siempre al cuidado del hombre y su salvación, no ha habrá ideado hasta ahora una alternativa de organización de la sociedad humana que no tenga las deficiencias del capitalismo ni del comunismo? La Doctrina Social de la Iglesia, con toda la importancia que tiene, está lejos de llegar a constituir algo de tal nivel, limitada como está al reclamo moral.

¿Será que semejante tarea no se considera asunto propio de la iglesia? De ser así, ¿cómo explicar entonces el constante afán por intervenir en la vida de los pueblos como el nuestro, promoviendo desarrollo económico, político, derechos humanos, educación, justicia social… procurando ejercer influencia en los gobiernos y las elites, apoyando líderes populares (incluidos rebeldes y revolucionarios)… y no sólo con recomendaciones, sino en acciones planificadas a cargo de sus millares de ONGs disponiendo enormes recursos financieros y personal técnico, por todo el mundo? ¿Por qué de todos estos afanes se excluye el esfuerzo de estudiar y diseñar una alternativa de organización de la sociedad, para bien de la humanidad?

La potencia política, financiera, técnica que implica la iglesia (católica y no católica) parece diluirse en actividades que no logran sino rasguñar la epidermis de cosas como la pobreza y la injusticia social, a la vez que terminan llevando aguas, unas veces, al sistema capitalista y, otras, a la revolución comunista y cosas similares, y aún más lamentables.

¿Tiene la iglesia una orientación definida en su intervención sobre la sociedad humana? Según parece, no. Y es esto, lo que llama la atención. Porque da idea de una actitud incoherente y hasta irresponsable para con la humanidad, como extraña a la actitud propiamente cristiana.

¿Por qué será que la iglesia prefiere diluir su potencia espiritual y material en acciones dispersas, irrelevantes y hasta contrapuestas? ¿Por qué no procura efectivamente desarrollar acciones estratégicas, capaces de lograr los objetivos que su bondad parece buscar, como el diseño de un sistema de organización social de virtudes cristianas?

Se me ocurren dos explicaciones: 1) que los planes divinos implica el sufrimiento de nuestros pueblos, como factor de salvación o algo semejante, claro, en interpretación de los jefes de la iglesia; y, 2) que la intelligentsia de la Iglesia no ha podido contar con una ciencia de la sociedad capaz de orientar el estudio de la realidad social y la elaboración de un sistema de organización consecuente con los valores cristianos, porque los dogmas de la fe han frenado la creatividad. Lo que daría razón del hecho de que importantes intelectuales cristianos hayan optado por los dogmas marxistas y cosas similares, echándose a cuestas su carga de ineptitud, dañando la imagen de la institución religiosa.

De cualquier modo, es una lástima que toda la buena voluntad de la iglesia, lo mismo que su potencial de acción no den frutos en esto que es fundamental: orientar la organización de la humanidad. Que no es poca cosa, porque la organización constituye los andamios (la estructura) por donde discurren los afanes y conducta delas gentes. Pesa el sistema de organización, como el bagaje ético. De este modo la misión, la misión cristiana, no parece estar completa.