sábado, 7 de abril de 2012

EL PRECIO DE LA CAPITALIDAD

Juan José Bonifaz B.
jjbonifaz@gmail.com

Después de reflexionar estos días, en que el error se desvanece y la verdad brilla otra vez, encuentro saludable plantear algunas premisas olvidadas en el tiempo, ante la injusticia, la irreflexión y la ignorancia de nuestro pasado.

Los capitalinos han considerado erróneamente, que Chuquisaca era solo la ciudad de Sucre. En ese entendido han abandonado zonas ricas de su geografía, como la antigua y desconocida provincia Azero, cuyo territorio nos disputan Tarija y Santa Cruz, con la pretensión de propietarios de zonas cedidas a cambio de "compromisos políticos incumplidos".

Dice el cronista Nicanor Mallo: "En medio de un pueril atolondramiento, halagados por mirajes risueños, de problemática realización, los legisladores de 1898, tuvieron la desgracia de sancionar las funestas leyes de 10 y 29 de Noviembre, acordadas en medio de desdorosas componendas, la primera de Cesión Territorial a Santa Cruz y á Tarija y la segunda de Radicatoria permanente del Gobierno en la Capital de la Nación"… Y después de un detallado análisis concluye: "Creemos haber comprobado en todo lo que procede la verdad histórica, la verdad geográfica y la verdad jurídica, respecto a la incuestionabilidad del derecho y de la justicia que asisten a Chuquisaca, en su viejo litigio con Santa Cruz, en el que comedidamente y hasta cierto punto indirectamente sugestionado, ha terciado y tomado cartas el departamento de Tarija, sin el menor asomo de fundamento alguno"…

El paralelo 21º como límite interdepartamental con Tarija, por tanto es una "ficción", no tiene bases constitucionales. Como consecuencia surgen problemas no solo en lo relativo a recursos naturales –Margarita,Huacaya e Incahuasi- sino en la atención de servicios públicos para poblaciones vecinas; más grave aun, son las asimetrías que se crean entre departamentos del Sur, al extremo que corregimientos del Chaco, disfrutan de recursos proporcionalmente mayores que la capital del Estado.

Este es el alto precio de la capitalidad, que no solo provocó la vergonzosa revolución federal con La Paz -su permanente émula- sino que significó el paralelo "cuarteo" de la provincia Azero y de los hidrocarburos de Bolivia. Siguió un siglo de sórdido aislamiento centralista, daño y postergación, con dolor y sangre coronado en "La Calancha". Como los males no vienen solos, la situación a lo interno también se ha invertido; el poder del migrante en los gobiernos locales y con ignorancia de los méritos de la capital, priorizan obras para las provincias mientras para Sucre, no queda nada.

El proceso histórico, nos ha llevado a recurrentes conflictos regionales, primero entre el Norte y el Sur, ahora entre el Oriente y el Occidente y, con lo mal que van las cosas, también se crean conflictos entre pueblos del Sur; atentando contra la paz y la unidad tan anhelada por los bolivianos. Desgraciadamente, son siempre los agentes disociadores más poderosos, que los factores de cohesión. Sucre, históricamente es el actor abanderado de la defensa de los derechos y la libertad frente a las injusticias del poder central con las regiones periféricas.

El gobierno actual, muestra una actitud paradójica: divide el país para gobernar, centraliza el poder con el disfraz de autonomías; excluye a su estilo y es rentista tradicional; muestra una tendencia liquidadora de la base productiva y promueve un andino centrismo errático, que no alienta ni garantiza la alianza de los bolivianos. No apuesta verdaderamente por la conservación y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, crea nuevos espejismos en sus relaciones internacionales y, pierde el control de la economía, mientras contribuye a la informalidad y el florecimiento del narcotráfico.

Es necesario, restablecer la racionalidad y el equilibrio de intereses, la democracia real y la justicia en el marco de una nueva legislación fruto de un pacto armonioso y civilizado. Es indispensable promover una atmósfera constructiva y de buena voluntad, para romper viejos paradigmas que no facilitan el encuentro de los bolivianos. En verdad, vivimos un tiempo de conflictos reales e imaginarios, donde es necesario más que nunca la reflexión, la serenidad y la conciencia social.