lunes, 14 de mayo de 2012

LA REBELION ESTA EN MARCHA

Sergio Lea Plaza
sergioleaplaza@hotmail.com

¿Qué poderosa razón impulsa a los indígenas que caminan nada más que 600 kilómetros, y por segunda vez en menos de un año, rechazando la construcción de una carretera por su territorio?. ¿Quién se encuentra por detrás moviendo los hilos de esa movilización que desafía al primer gobierno indígena de Bolivia?...

¿Serán las fuerzas del "imperio"?, ¿la oposición?, ¿los disidentes del llamado "proceso de cambio"?, ¿los comercializadores de lagarto y los dirigentes involucrados en ese negocio?, ¿las ONG´s verdes? o ¿una fuerte consciencia ecológica, propia de los pueblos indígenas?.

Si se mira esas preguntas como enseñó la sociedad a hacerlo, de una u otra forma se concluiría que los pobres e ingenuos indígenas, todavía "incivilizados" y presas fáciles de la manipulación, mantienen una organización atávica, enraizados con la tierra a la que rinden culto.

Pero si despejamos nuestra mirada, quizás podamos ver que el enorme sacrificio de las mujeres y hombres que emprendieron la IX Marcha Indígena, hace parte de una lucha política de alto vuelo. Porque reivindica otra forma de habitar el planeta de acuerdo a otra visión política de la vida y de las relaciones entre los hombres. Más allá de una fuerte consciencia ecológica se trata de un profundo pensamiento político.

Esos indígenas nunca se separaron de su entorno, a diferencia de los hombres "civilizados", quienes organizan su vida a partir de una lógica antropocéntrica: el humano se constituye en la especie elegida para gobernar y dominar no solo el planeta, sino el universo, a través de su principal arma, la "razón". Por ello, en el marco de un proyecto civilizatorio conducente a la libertad y felicidad, todo lo que le rodea debe ponerse a su entero servicio, es suyo, le pertenece.

En ese camino, se subyugó no sólo a la naturaleza sino a sí mismo, pues edificó un sistema que al concentrarse en la explotación, producción, consumo y acumulación compulsiva e ilimitada de "bienes" lo convirtió en engranaje de una gran maquinaria, en la que unos hombres están por encima de otros. Y si alguien duda de ello, sólo bastará verificar algunos resultados recordando los grandes genocidios del siglo XX, buscando el dato de cuántos miles de niños mueren al día por causas evitables o percatándose de que nuestro planeta viene sufriendo la mayor destrucción de su historia.

El indígena jamás subyugó a la naturaleza, no necesitaba hacerlo, pues se siente una parte más, igual que las otras, de un mundo en el que todo está interrelacionado. Al no separarse de la naturaleza tampoco se separó de los otros indígenas, como ocurrió con el hombre "civilizado". Y por ello, no dejó de sentir respecto a los otros, que, de una u otra forma, también son parte de él. La noción de opresión o explotación del hombre, así como la de propiedad privada, no hacen parte de su forma de vida.

Pero también porque al no concebir el tiempo de manera lineal y teleológica (pasado, presente y futuro) sino como un proceso circular (así como la tierra da vueltas) no tiene sentido establecer grandes objetivos a futuro y, por tanto, no es necesario luchar por construir edificios, carreteras, máquinas y otros que aparentemente son los medios para avanzar hacia los objetivos de la civilización.

Y, como aquello que busca desesperadamente el hombre "civilizado", el éxito y el instrumento para lograrlo, el dinero, no son precisos para lograr la felicidad, no requiere construir una maquinaria gigantesca y convertir a los hombres en simples engranajes. La noción de trabajo, tal como la conocemos, no existe.

Entonces, en ese mundo y bajo ese pensamiento, es posible que el hombre sea libre, y que al mismo tiempo pueda alcanzar más sencilla y fácilmente la felicidad, sin dominar y destruir su planeta.

Probablemente sea eso, obviamente esbozado de manera reduccionista e incompleta en este pequeño espacio, lo que impulsa a los indígenas a marchar para que no se construya una carretera que consideran será la puerta de ingreso de un sistema que destruirá su forma de vida y les quitará su libertad.

Esta lucha podría ser de tal trascendencia que llegué a convertirse en la punta de lanza en la disputa final por el discurso de cambio con el presidente Evo Morales. Ya que, cuando la marcha llegue a Chuquiago Marka y los indígenas posen sus miradas sobre la catedral del poder boliviano, habrán encarnado, quizás ahora de verdad, la histórica frase de otro indígena: "volveré y seré millones".