lunes, 11 de junio de 2012

De la reivindicación a la revisabilidad del Tratado

(Pluri-reconocimiento de la vigencia del Tratado de 1904; o de la "diplomacia de los pueblos" a la de los ponchos)

Franz Rafael Barrios Gonzalez
franzrbarrios@yahoo.com

La administración plurinacional, a pesar de desfilar su fracaso y resignación, sobresalió como dispendiosa anfitriona en la 42 Asamblea de un Organismo al cual le atribuye sumisión al "imperialismo". Priorizando más su logística para adquirir ponchos tarabuqueños que el lobby para concertar apoyo a favor de una resolución multilateral del diferendo marítimo. En efecto, los ponchos tarabuqueños que fueron regalados a los delegados son más que souvenirs, ya que en la lógica de la administración plurinacional fueron el equivalente de "hacer lobby". Porque creyeron que, al igual que regalar "motores fuera de borda" en el TIPNIS para la Consulta Ulterior, les valdría el "consenso" para lograr apoyo para el multilateralismo o para la ratificación de la Resolución 426 de 1979. Pero no, en diplomacia no se trata de prebendalizar con costosos souvenirs como los malacostumbrados lo hacen para "ganarse la voluntad" de algunos "a cambio de..."

De seguro no faltó el servidor público que quiso "pedirse los ponchos", una vez conocido su fracaso. Ya que en su espíritu comerciante y utilitario, bajo determinadas circunstancias políticas, tal vez los hubieran "re-regalado" a otra comunidad o sector social del cual necesitaren "comprar" su conciencia.

En fin, los resignados plurinacionales viraron su discurso (presintiendo su fracaso) desde la "demanda de Interpretación Jurisdiccional de Tratados" ante la Haya, hacia la "Revisabilidad" del Tratado de 1904. Admitiendo con ello que no tienen ni jamás tuvieron norte diplomático alguno; y para peor, reconociendo que, a diferencia de tener por "Inexistente, Contradictorio u Obscuro" el Tratado de 1904, más bien lo tienen por vigente y eficaz, encogiéndose a pedir su "revisión", si acaso Chile y su C.P.E. así se los permitieran.

La Resolución 426 de 1979 y el escenario bilateral.-

Más allá de que las circunstancias se hayan modificado de un siglo a otro, resulta evidente que en la vecindad regional el no inmiscuirse en los "conflictos conyugales" de otros vecinos resulta práctico, económico, estratégico y cómodo. De hecho, el "interés hemisférico" estriba por no tomar partida, y el que tema "Mar" sea agendado por la OEA resulta -a estas alturas- de una suerte de tradición y cortesía diplomática. Prueba de ello la mayoritaria posición regional por relegar el diferendo marítimo a la esfera de la bilateralidad Chile-Bolivia. Asimismo queda diáfano que la naturaleza de las resoluciones expedidas por la OEA, -de por sí- carecen ejecutividad ante sus eventuales obligados, y tan solo son generadoras de falsas expectativas.

Los plurinacionales, no quedándoles de otra, se conforman -ahora- reivindicando una Resolución que carece de efectos jurídicos, que no es ejecutable, y que tan solo comporta ser una mera recomendación expedida por una Asamblea (1979) cada vez más lejana en el tiempo.

Si el Tratado de 1904, que los plurinacionales lo reconocen vigente y eficaz, "no se cumple", ¿qué les hace creer que "renegociándolo" se hará -recién- exigible? Empero, los plurinacionales, abrumados por su contundente fracaso, llegaron a creer que "renegociando" el Tratado de 1904 harán cumplir la Resolución 426 de 1979 (Héctor Arce, La Razón 07, 06, 2012); entonces cabe preguntarles ¿la Resolución resulta ser más prioritaria que el mismo Tratado de 1904, o es un simple efecto de su descarte por resignación?

El que el Tratado de 1904 no sea cumplido por la contraperte chilena no significa que con su "renegociación" se cumpla. No se debe "renegociar" el incumplimiento del Tratado de 1904, reconociendo a su vez la vigencia y eficacia del mismo, ya que la contraparte chilena incumple con los términos favorables a Bolivia porque es un Tratado devenido de la imposición por la fuerza beligerante. Misma lógica impostiva por la que -incluso- en el presente los chilenos afirman que el Tratado "se firmó para cumplirse".

¿Por qué Las Malvinas sí, y el Litoral no?

El mayoritario apoyo a la reivindicación de Las Malvinas resulta de que, a diferencia de Chile, Inglaterra no es un avecindado de la región, sino un extraño que está "cruzando el charco". Es más sencillo asumir la defensa de un vecino como es la Argentina ante un Estado europeo, que tomar parte por Bolivia o por Chile que son vecinos de la región.

¿Cuál la alternativa?

Una futura y posible política diplomática al respecto marítimo podría considerar la resolución unilateral del Tratado de 1904 en las instancias de nuestro Derecho Interno, demandando su IN-CONSTITUCIONALIDAD ante el Tribunal Constitucional[5], y haciéndoles conocer de tal determinación a la contraparte chilena por medio del conducto que correspondiere. Más allá del evidente costo, más comercial que diplomático, la resolución unilateral cimentaría -para empezar- la posición de que el Tratado de 1904 no es vigente ni eficaz, según el Estado y sociedad bolivianos hacen constar de su verdad histórica.