domingo, 17 de junio de 2012

El "bulling" en aulas escolares

Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

¿Como llamar severamente la atención a las extremas irregularidades cometidas por elementos adolescentes (más varones que mujeres) y que pertenecen a grupos vandálicos de varios colegios bolivianos?

Se trata de actos que sólo pueden acometer mentes enfermas, desviadas y antisociales, que intimidad, torturan sicológicamente, y que han vulnerado, con ribetes de absoluta maldad, la personalidad, carácter y consideración de muchas niñas y niños, al extremo de provocar desórdenes sicológicos que ocasionaron lastimar el corazón, el carácter, la autoestima de alumnos que oscilan entre los 13 a 15 años de edad.

Este fenómeno conocido con el controvertido nombre de "bulling" 'que se advierte en países extranjeros', ha sido importado a Bolivia. Se han puesto en práctica sus viles inconductas por intermedio de métodos que rayan en acciones insidiosas que de manera abusiva desdeñan el espíritu de sus víctimas.

En vez de formar jóvenes generosos a los que se indique un norte enmarcado en la educación, el bien y el progreso, hoy dejan al libre albedrío a los descarriados que dan rienda suelta a sus actitudes cínicas, socapadas por docentes y autoridades, que seguramente temen a padres influyentes que protegen a sus hijos del merecido castigo a sus fechorías.

Directores y docentes cierran al máximo sus oídos, sin importar el daño que sufren los alumnos, en medio de acosos, chantajes, burlas, que junto a sistemas informáticos, fotografías, celulares, internet y otros, arman un arsenal destructivo. Contaminan, por otra parte el apellido, extendiendo a familiares cercanos para mostrar un diagnóstico impregnado de las más atroces mentiras, junto al propósito de hacer el día a día del colegio, un día a día de hacer imposible la vida pacífica de los estudiantes.

No existe consideración a quienes viven los años más primaverales, producto de abyectos proyectos que en subrepticia reptación se mueven para lastimar por medio de la burla, el juego mental y otras taras. Estas pasan desapercibidas y no obtienen, como señalan normas internas de todo colegio y de la misma Constitución del Estado, la respectiva sanción o expulsión de tales delincuentes.
Y la solución, revestida de simplicidad y superficial tratamiento, es derivado a un sicólogo. ¿Tan insignificante parece victimar a inocentes con armas burdas y repugnantes? ¿Puede haber tanta indiferencia al dolor, al sufrimiento y a los juicios crueles que constituyen el deplorable accionar de alumnos que sólo buscan satisfacer sus obscuros fines?

Esta indiferencia demuestra tener raíces muy diversas: Hay indiferencia por falta de sensibilidad, por deficiencia intelectual o por ausencia sentimental en quienes dirigen los colegios. Entre las malas pasiones que han afectado moralmente a los hijos, aparecen estas almas corrompidas por vicios infames. Jugar con la personalidad de una compañera de colegio, a la que obligan a callar, manteniendo ella el más angustiante silencio, por las amenazas, instigaciones e intimaciones, es algo que llegó a la inmoderación. La ley del silencio es un mecanismo de supervivencia, que se impone romper con buena comunicación, junto al ofrecimiento de una apropiada red de asistencia a los hijos.

Roto el silencio y con paciencia y fortaleza muchos padres de familia escuchan el desahogo de sus hijos, encontrando las razones fundamentales del por qué de su bajo estado de ánimo a consecuencia de esas mencionadas pasiones tan abominables, y detestadas, que avergüenzan al más impúdico. Una gran rabia contenida se ha descargado por “compañeros” de clase, si es que así se les puede llamar, que frente a esa situación se han descontrolado y se han dado como acosadores, el teatro que necesitan para ejercer su protagonismo y maltratar vilmente a sus semejantes.

Existen actitudes impresionantes y características de la conciencia, que presentan estos malos alumnos, echando sombras sobre su vida moral y de la que casi nada se ha dicho. Por un lado, el carácter ambiguo y por otro, la presencia de ciertas perversiones que tuercen el comportamiento de las personas y hacen que éstas se inclinen a una desfiguración de las mismas. Parecen pues brotar de la maldad, y cuando se asocian tórnance más fuertes, como esas enfermedades que se complican. Gustan del mal ajeno; pero esta semejanza no basta para confundirla, sólo odian lo que se cree bueno.

¿Qué hacen los directores de los colegios? Trasladar el problema a una instancia interna. Se requiere convocar a los padres de estos malos alumnos para explicar tales razones censurables. Las autoridades están en obligación de recurrir a todas las instituciones que protegen el acoso escolar, y a todas sus defensorías.

Padres de familia pasan por días muy desoladores, tratando de disimular sus lágrimas y no preocupar a sus hijos. Esperemos que directores y docentes jamás las derramen, porque no existe circunstancia más dolorosa que ajusticiar el corazón. Las instancias con injerencia en este delicado asunto están llamadas a intervenir los colegios que sufren el acoso escolar para que no sean más un nido de ratas, y retomen el rumbo a los grandes ideales del siglo pasado, donde la educación era sagrada y no así prostituida como ahora, en que el alumno es víctima de una desaforada demencia.

Que la instigación a la crueldad, la maldad y la luz verde abierta a la práctica que infesta a la humanidad juvenil conocida con el tenebroso nombre de "bulling", mismo que ha contaminado muchos colegios sin que nadie diga nada, desaparezca de las aulas de las escuelas que merecen mejor destino y futuro.