sábado, 9 de junio de 2012

EL TIPNIS : PALABRA MÁGICA

Carlos Tony Sánchez Vaca
tonysanchez_77@hotmail.com

Ya está clareando en el momento que escribo esto acerca de esta palabra. En la mesa de mi comedor de clase media, escucho a Gilmour acompañado de un vaso de coca cola, pues he pensado no en pocas ocasiones que la música de Pink Floyd evoca paisajes vírgenes, riberas de río brumosas y quizás hombres y mujeres semidesnudos y algunas puntas de lanzas dejándose ver en el tupido follaje. Debe ser por la simbiosis de mi adolescencia paceña y pequeño burguesa sobre mi lumpen-infancia en el Beni.

Pero esa sensación es tan momentánea como un eructo. Paso entonces a darle oídos a la llenura de mi alma. Hastío que permití llenarme, en los pasados días y hasta las últimas horas antes de entregarme a Morfeo. TIPNIS.

TIPNIS, parece un nombre sacado de lejanas lenguas y quizás lo sea para los mortales que habitamos las ciudades desde que abrimos la matriz materna. Hoy, el nombre amanece con los bolivianos. Es festín de los medios, material de los mediocres, leit motiv de los pseudos de aquí, allá y acullá.

El acróstico tiene magia.

El TIPNIS, dicen que es cuestión de vida o muerte para los lugareños. Cuestión de principios, dicen los que se han vestido – vaya saber porqué – con el ropaje revolucionario. Cuestión de sobrevivencia y alternativa etnicista ante la amenaza de la aldea global. Cuestión de presupuestos y su debido cumplimiento en la burocracia de los no-gubernamentales. Hasta necesidad impuesta de hablar, porque sí, de funcionarios enarbolados y enardecidos. Y en – claro está – los que por la divina providencia o el azaroso destino, como se prefiera, viven en y alrededor de la esfera central a los pies del Illimani.

Hobbes, donde esté, observa como su tesis se resuelve en el recóndito Yucumo.

Y los más, de a pie, micro, taxi o humvees, los (as) comensales antropófagos (as) que gustan de comer agrio– una y otra vez – al Presidente, los acólitos y todo aquel que manifieste, así sea ténuemente, el olor de la whipala.

He preguntado a muchos parroquianos de toda laya, con cierta suficiencia, acerca del significado de la palabra TIPNIS. Nadie supo. Todos saben del Isiboro Sécure, no saben si es un río o dos, o unas montañas del Beni, o un señor que bautizó el lugar en conflicto, cuyo nombre era Isidoro Sécure, que de paso era hijo de un peón de hacienda y cuya madre fue una turista alemana, que no vale la pena nombrar, pero en cuyos amores prohibidos, fue tórridamente engendrado.

Claro está que este, no es un análisis científico, es mas bien una colección de impresiones que más a la larga – temo – me brindará una comprensión aceptable del asunto, lo cual permitirá un cierto solaz a mi andar cotidiano, en medio de la basura de las calles, las miradas aguerridas, el acecho de los comerciantes y la ausencia de decencia.

Entonces recuerdo a los unos acusando a los otros de tener oscuros intereses. La cuestión no es saber o no de la veracidad de esas temerarias apreciaciones, pues quién conoce el corazón del hombre ? Quizás unos millones hicieron bailar samba a alguna gente del gobierno, o quizás unos miles hicieron bailar también, a los caciques. Ya tenemos historia de gentuza de corbata que entregó lo macro del país y gentuza con arcos y flechas que vendió bosques. Los sigue habiendo y en este contexto solo prevalece un mito, el del indio bueno, criaturas angelicales que habitan la selva, definición elaborada por turistas enmariguanados y desencantados de su tierra. Los otros, las bestias depredadoras, en el climax del gonismo, descubrieron sempiternos, su faz con antifaz.

En ese enfrentamiento tortuoso entre el desarrollismo capitalista y el respeto irrestricto a la Madre Tierra, estamos empujados a tomar posturas. O lo uno o lo otro, casi como si dependiera de nosotros, los espectadores. Al final, la conservación de paraísos inviolables son sólo utopías, dada la creciente voracidad humana por una riqueza mentirosa, sentencian unos. Otros mantendrán en sigilo y en las ciudades, su sueño romanticón burgués de una casita con piscina y equipada a orillas de cualquier riachuelo. Que los indios vivan en su chapapa, olvidando ingenuamente que el Tipnis tiene dueño y no se permitirá más asentamientos. Lo dijo el gobierno, cabrones, dirían los chicanos.

Como a todos, por los motivos que fuesen, me conmueven los atropellos a la gente, las lágrimas de madres, más aún de los niños. También de los policías compelidos a ejecutar su trabajo bajo riesgo de morir por un salario de 1.000 bolivianos o insalvablemente, agregar unos gramos más a su conciencia. Me duele ver mujeres enmanilladas y también autoridades manoseadas y obligadas a satisfacer el antojo ajeno. Indígenas vs. Indígenas. Cerca al puente, hombres y mujeres, uniformados, aves. Las últimas y solo ellas, pacìficas.

Me irrita asimismo, escuchar a una mujer aguerrida que ronda los 60 años, lidereza de una marcha a cientos de kilómetros de ella, entronizada por los medios burgueses, y que hace apología de la ignorancia y la flojera, repitiendo machaconamente, que no sabe leer ni escribir, ni sumar. Ay ¡, con un pie en la tumba y echando màs leña al fuego… Y también los que exaltan semejante condición, motivados por sus desavenencias con Evo Morales. Ay ¡

Me indisponen los traidores, de derecha o izquierda. Ay ¡ esos hombrecillos deleznables, tan frágiles como una cucaracha y tan inícuos como el áspid. Gusanos. Me decepcionan las funcionarias que abandonan el barco en la tormenta. Ignoran que los caminos de la lealtad son siempre rectos.

Y los otros, los que a título de defender a los obreros, estarían dispuestos a meter bala a quien ose levantarse contra su forma de gobierno. Hoy y siempre, hasta que el mundo acabe, establecen tácitas alianzas con sus enemigos de clase. Esos son los coyunturales. Los de firme convicción ideológica y corazón bifurcado por su amor a los obreros y su odio al que no lo es.

Me pregunto si hoy estaríamos llorando la muerte de bolivianos, en una supuesta ausencia policial, yucumenses y tipnienses, matándose unos a otros, niños ofrendados vilmente por sus propias madres. A título de que ?, es su cultura exponer a niños al peligro ?. Alguien en sano juicio cargaría a sus criaturas, decidido a enfrentar a los colonizadores y cocaleros, sujetos tozudos, fieros y aguerridos.?

Hombres cobardes, mujeres necias, tan necias como los gobernantes que critican.

Claro está, hay otros argumentos a favor o en contra. Risibles o serios,( hay por aquí, un funcionario muy famoso como carente de luces, que calificó al grave incidente, como la "masacre de Yucumo"). Irreflexivos y superficiales a montones, correspondientes a una sociedad alcoholizada y frívola, o a una sociedad que profesa la hipocresía y la avaricia. O a ambas sociedades tuertas.

En el medio de esta sordera colectiva, se soban la barba los que realmente mueven las piezas del tablero. Unos dicen que una mano está en el gigante del norte, la otra en el Corcovado. Ambos urgidos de ganar.

Yo entretanto, me dispongo a dormir unas pocas horas, antes de enfrentar el día y sus necesidades, convencido de que lo que suceda, es parte de la destrucción debida del antiguo estado de cosas y la construcción de lo que anhelamos en nuestros adentros.

Para esta hora, en Bolivia, TIPNIS ya no es un conjuro que evoque un santuario. Ya no es un acróstico sagrado, es un sacrilegio. La historia de esa tierra, la estamos marcando dolorosamente, ellos y nosotros. Que paradoja, queriendo cada cual hacer bien, la madre Natura, sufre dolores de parto.