jueves, 7 de junio de 2012

La OEA y el MAR


Cuando Evo Morales Ayma llegó el año 2006 a ser Presidente de la entonces República de Bolivia, y como no asistió nunca a estudiar en la universidad (de lo que se ufana) y sabía muy poco de la historia marítima del país, sus avatares, avances y retrocesos en más de cien años de controvertida diplomacia, se dejó seducir por los ojitos que le hizo la entonces Presidente de Chile Michelle Bachelet Jería (médica, titulada por la Universidad de Chile, una ventaja comparativa en su formación intelectual), quien lo convenció que el problemita ese lo podían resolver entre ellos dos, tan revolucionarios como seguramente le decía ella que eran ambos, ella y él, dos socialistas, un solo corazón.


Así que Evo olvidó el camino boliviano por la multilateralidad, que explica nuestra mediterraneidad no como un asunto exclusivo entre Bolivia y Chile, sino como que en realidad afecta moral, económica y diplomáticamente a todo el continente. Evo decidió que no, que entre él y Michelle lo resolverían, intercambio de charangos de por medio, lo que le iba muy bien ese momento (el más alto de su brillo y apogeo) gracias a que empezaba entonces a creer (tanto llunku repietiéndoselo día por medio): que con él comenzó la historia de verdad, la nueva era.

El romance transandino duró un tiempo y Bolivia olvidó hacer lo de todos los días, llevar a la OEA el planteamiento y repicar que este era un asunto de interés multilateral que atinge a todos los estados y gobiernos; por suerte Chile no aprovechó del todo aquel descuido para provocar una nueva resolución que barriera con la de 1979, que tanto nos favorece, y que sigue vigente, por no haber otra hasta ahora.

Terminado el mandato de Bachelet llegó Piñeira y a Morales esto le pareció muy mal, no porque dejara de hacerle ojitos (La Moneda debe haber considerado hasta eso para seguir engatusando al insólito vecino), sino porque era de derechas y con la derecha no se puede hablar. Sin previo aviso, sin alertar a nadie, el 23 de marzo de 2011, Bolivia decidió por su nuevo camino: Este asunto lo resolvemos en los tribunales internacionales y para ello, en un año, estaremos con nuestra demanda internacional en los tribunales de La Haya –dijo el presidente aymara, conquistando aplausos de sus secuaces, que todavía le creen–.

Y llegó el 23 de marzo de 2012, que en Santiago deben haber esperado pertrechando una fila de especialistas para contrarrestar la demanda boliviana. Pero no pasó nada de nada. Era de prever la dificultad de una demanda por encima de un tratado internacional, que en su momento fue ratificado y tiene plena vigencia, así sea injusto como pocos y no haya resuelto un problema que algún día deberá encontrar solución definitiva retornando a Bolivia la cualidad marítima perdida en una cruenta guerra; a ver si había algún Tribunal Internacional que la aceptara, mejor si era La haya, como se amenazó. Pero el 23 de marzo de 2012 Evo Morales no tenía ni redactado el pliego de la demanda, ni una letra, ni un escrito firmado por algún picapleitos de tercera siquiera, de los que deben abundar entre el masismo y que en su momento dijeran que podían hacerlo.

La 42 Asamblea General de la OEA nos alcanzó en esas condiciones y se preparó un show al estilo de una asamblea sindical de cocaleros del Chapare, pero no para cumplir con la amenaza antes dicha, sino para cambiar de nuevo el enfoque y la postura, ahora se le pide a Chile que revisemos el viejo tratado de 1904, conociendo de antemano la respuesta: Aquí no hay nada que revisar ni renegociar, todo está dicho, todo está acordado. De poco sirvió la buena barra que armaron los masistas en la OEA, que a grito pelado reclamó el mar y agitó wiphalas y banderas; menos aún el partido de futbol contra un equipo de chilenos que jugó el Presidente mientras sesionaba la Asamblea.
Es que así no se hace. Sino el ridículo al que ya nos han acostumbrado.

Chile, que sí cumplió con su tarea, hablando delegación por delegación, con sus argumentos bien armados, logró que uno a uno los países presentes sin excepción alguna, declararan que ese no era sino un problema bilateral entre los involucrados. Ni Venezuela, el mejor aliado político del régimen, ni Perú que se sabe involucrado. Fue una victoria chilena de proporciones, en nuestra propia cancha.

Una mirada desde el siglo XXI, cuando el capitalismo mundial se traslada a la Cuenca del Pacífico, muestra la creciente importancia de las costas que bordean el territorio que antes fuera boliviano, para todos los países que lo rodean y para otros igualmente interesados, como el Brasil, que junto a Bolivia, Perú y Chile, pueden encontrar en él una plataforma de integración económica y comercial sin precedentes. Claro que este problema centenario es continental, cada día con más fuerza, porque esas playas y farallones están mirando de frente los mercados de la China y de los países del Asia, que requieren puertos para embarcar y desembarcar las mercancías del futuro próximo, no solo para Bolivia, sino para toda la zona de influencia en esa parte de América del Sur, y frente a ello no se puede seguir con improvisaciones que se parecen cada día más a payasadas.


Algo tiene que cambiar para dejar de ser el hazmerreír de diplomáticos y embajadores en Santiago y construir un país al que se lo toma en serio. Se podría decir que se tienen que cambiar a Choquehuanca y la caterva de advenedizos con ínfula de diplomáticos atrincherados en nuestra humillada Cancillería, pero creo que no basta. La cirugía tendrá que ser de mayor envergadura.