sábado, 11 de agosto de 2012

NO SOMOS NATURALMENTE SERRUCHOS

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

No soy muy amigo de los análisis sociales de tono psicológico, pero, tengo un par de hipótesis sobre el origen de esa "nuestra tendencia a 'aserrucharnos el piso" del que nos habla Lorenzo Choquehuanca Muller.

Los "serruchos" son tema de un chiste conocido, que con seguridad algunos recuerdan: A un pescador que lleva cangrejos en dos cestas le advierten que tiene una de ellas destapada a diferencia de la otra. A lo que este responde: Es que en la cesta bien tapada llevo cangrejos japoneses que son hábiles para subirse unos sobre otros y empujarse entre todos hacia arriba hasta destapar la sesta y escapar, mientras que en la otra, sólo llevo cangrejos bolivianos, y ahí no hay problema, porque en cuando uno de los cangrejos está subiendo los otros se encargan de bajarlo". Un chiste que parece reflejar bien las diferencias entre bolivianos y japoneses.

Pero, los actuales japoneses, porque según la historia, no siempre fue así. Allá por la primera mitad del siglo XIX, un informe a su majestad de un militar inglés delegado al Japón, entonces todavía feudal y cerrado, decía en forma de corolario: ... Y sobre la posibilidad de que este país sea algún día un país desarrollado, no lo creo posible, porque en Japón termina en vicio todo lo que en Inglaterra es virtud. Pero, en 1868 se inicia la dinastía Meiji y con ella la transformación estructural del Japón hacia una moderna economía de mercado. A cuyo efecto, para fines del siglo, Japón estaba ya perfilada como una potencia de alcance internacional dispuesta a disputarle a las potencias europeas su hegemonía en el mundo, en 1904 derrota a Rusia en guerra y una décadas después es protagonista de la Primera Guerra Mundial. La sociedad japonesa había desarrollado las virtudes que el almirante inglés descartaba como posible cualidad de los japoneses.

Un otro caso: Al despedir a una legión romana que se disponía a ir a las islas británicas, un senador de Roma, entre otras cosas, encomendaba: "…y en lo posible no nos traigan esclavos, porque esas gentes son tan brutas que ni para esclavos sirven…". Se refería a los habitantes de lo que llegaría a ser Inglaterra. El país que dos mil años después se erigía como cabeza del desarrollo de la humanidad a través de la Revolución Industrial (siglo XVIII).

¿Por qué en algunos pueblos priman virtudes y en otros defectos? Pues, parece que se debe a las estructuras sociales, al sistema de organización de la economía y el gobierno, antes que a factores genéticos o de herencia histórica y cultural, o de geografía. Ni los bolivianos somos unos "malnaturales" ni los ingleses o japonés o chinos son naturalmente virtuosos. Las personas somos lo que la sociedad nos permite y posibilita ser. Y la sociedad tiene en su sistema de organización el determinante de las condiciones que ofrece a su población. Eso explica el triunfo de muchos de nuestros compatriotas en el exterior, que Jénnifer Salinas esté lista para disputar un título mundial de box cuando este deporte no se practica en Bolivia (claro la mitad de su vida la pasó en EE.UU.). Que Marcel Claure sea un empresario multimillonario, que de haberse quedado aquí quizás no habría pasado de ser un notable contrabandista, parlamentario, ministro o algo parecido, y no el gerente y dueño de una empresa que factura más de 4.000 millones de dólares por año (¡Cuánto será lo que factura la Comibol o YPFB!). ¿No tenemos miles de compatriotas aymaras, quechuas, mestizos que hacen fortuna en la Argentina y aquí cerca en Santa Cruz o Pando…? Etc.

Somos buenos para serrucharnos el piso y no para cooperar entre nosotros, y producir o construir algo. ¿De dónde viene esto? Veamos. Ocurre que en el país, buena parte de las posibilidades de riqueza y prestigio social dependen de la opinión que de nosotros formen los poderosos --los dueños del poder político, que son los que pesan más, antes que los ricos o los intelectuales--. De caerle bien al jefe nosotros, antes que los otros, depende buena parte de nuestras posibilidades. ¿Quiénes serán los que prosperen con el régimen del MAS? Pues los que le caigan bien al jefe, a Evo Morales. Para estos todo, "para los otros la ley" (como decía un connotado oligarca paraguayo). Incluso con riesgo cierto de terminar mal. No rechazó el pandino Fernández la oferta masista de ser su candidato para terminar "enterrado bajo 300 metros…". Esto explica que los amigos e incondicionales de Evo estén viviendo su hora de gloria y… fortuna, sin medida. Pero, unos más que otros, aquí también hay competencia, y ganarán los virtuosos del llunq'erio, los más arrimados y serviles. De ahí la importancia de serrucharle el piso al colega, sin consideración alguna por su condición de masista, indígena y de izquierda.

Esta es una forma de ser que viene de la colonia española. Ahí tenían al Rey, distribuyendo mercedes, tierras e indios, y a los españoles disputando fieramente entre ellos por acceder a los favores del monarca y sus autoridades delegadas en la colonia. Y, con seguridad, que ni la experiencia ni la forma eran muy distintas tratándose del Inka y el Tawantinsuyu. En ambos casos bajo estructuras feudales, aunque con diferencias significativas a favor de la racionalidad de la sociedad inkaica.

Fue por estos motivos que desarrollamos la cultura del serrucho, como forma de facilitarnos el acceso a la riqueza y el prestigio, y a la supervivencia tratándose de los más humildes. En el afán de lograr algo de la voluntad de los grandes señores. Lo que constituye un indicador más de estar viviendo todavía dentro de los moldes del colonialismo interno. Un escenario donde Evo Morales está asumiendo el rol colonial del Rey o el del Virrey o "encomendero". Y de modo mucho más pleno y evidente que los caudillos de la oligarquía que ha desplazado. Ni Paz Estenssoro ni Banzer ni Paz Zamora… hicieron cosa muy distinta. Los jefes, en el país, tienden a hacer feudo de cualquier espacio de poder que logren: partido, sindicato, junta de vecinos, empresa estatal, municipio, club… Algo que desde la Participación Popular está llegando afectar también a nuestros ayllus, fatalmente.

Otra cosa sería, si para acceder a la riqueza y al prestigio social tuviéramos otras rutas a la mano. Desarrollaríamos otro tipo de cualidades y actitudes si no dependiéramos tanto del poder político, de los recursos públicos y de la opinión y humor de los jefes de estado… de las autorizaciones, compras, ventas, decretos, asignaciones, permisos, empleos, contratos… que dependen de la voluntad de la autoridad. Es que como sociedad colonial de tipo feudal vivimos en torno al estado, al poder político como instrumento central de acceso a la riqueza social. Condición estructural que fomenta la concentración del poder, y la corrupción, más aún al asumir, a título de socialismo y revolución, la estatización de la economía, que amplía el botín dispuesto al saqueo. De ahí la condición retrógrada y reaccionaria del régimen de Evo Morales y su estilo de dominio fascistoide. Morales se siente dueño del país, su patrón y amo de hacienda feudal, y a los demás sus pongos y ganado. Por eso no respeta nada. Y promete darnos de comer lo mínimo suficiente a todos para el 2025 a cambio de nuestra callada sumisión, para disponer de la riqueza del país a discreción y sin rendirle cuentas a nadie hasta cuando le de la gana.

Son estas cosas las que cambian entre japoneses e ingleses, al cambiar las estructuras sociales en sus países. Al dejar atrás el feudalismo y construir una moderna sociedad de mercado. Es fácil de entender. En las relaciones de mercado, no importa el mayor o menor poder de quien compra o vende. Ahí prima la voluntad y el entendimiento de la persona involucrada, que tiene la oportunidad de hacer valer sus intereses. En un mercado competitivo no hay lugar para pretensiones de avasallamiento. Es más, en una economía moderna de mercado, a quien vende le resulta favorable que su habitual comprador prospere y, a éste, que el que le vende lo que requiere prospere y ofrezca cada vez mejores productos. Estoy hablando de algo que todos conocemos por experiencia directa y habitual. De este modo es que se construye sociedad y entendimiento entre unos y otros sin que importe mucho raza, religión o nacionalidad. De esta manera es que se genera respeto y sentido de cooperación. Es aquí que se supera el afán del serrucho, propio de las sociedades donde el poder político es el que dirime el acceso a la riqueza.

La competencia de mercado permite organizar la producción, mientras que la competencia por el poder y el favor del jefe degrada a la gente como a la sociedad. Que mejor indicador de lo dicho que el fracaso estrepitoso del sistema social que quiso hacer avanzar a la humanidad sobre la base del manejo estatal de la economía: el socialismo, y entre nosotros el "nacionalismo revolucionario". Una frustración que ahora se repite con el "socialismo del siglo XXI" o "comunitario". El que, como dice nuestra gente, ha traído "suma qamaña" sólo para los masistas y sus aliados. Ayer nomas comentaba un Mallku de Aiquile la bronca de su gente por los bajos precios del trigo que producen, en contraste con los subidos precios de la coca y los productos industriales que consumen.