martes, 4 de diciembre de 2012

EL COLONIALISMO INTERNO Y EL MALTRATO A ANTONIA RAMOS

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

Así están las cosas, en este nuestro país ahora llamado "plurinacional" y entre sus nuevos líderes, los del socialismo comunitario y suma qamaña... Una vez más, en Bolivia, la ideología política sea de izquierda o derecha o lo que fuere, mayormente no pasa de discurso vacío, pura formalidad o astucia politiquera para engañar a ingenuos. Una caricatura del pensamiento político. Aquí, lo que cuenta, y como se logre, es montar y mandar y aprovechar. Clásica es la felicitación del cuate a quien sube al poder: "Felicidades hermanito ahora que estás en un buen cargo vas ha aprovechar hermano, no vas ha ser zonzo..."

Lo que las Suxo han hecho con la señora Antonia Ramos, lo hacen a diario aquí. Y ahí no cuenta ser de izquierda y progresista, militante del cambio ni del PCB o el POR, del MAS o pachamamista... camba o qolla... Es que en el país, las minorías privilegiadas viven todavía los privilegios del señorío propio de la colonia feudal española, en pleno siglo XXI. Pero, como los tiempos cambian a pesar de todo, no son ya únicamente las gentes de pura sangre europea, ahora también ejercen señorío los mestizos, cholos e indígenas en proceso de ascenso, repitiendo con los más débiles el maltrato que ellos sufrieron. Procesos de ascenso en riqueza y lugar social donde la vía regia sigue siendo la política, el poder y los recursos públicos, con cualquier bandera ideológica.

Cambiaron muchas cosas desde el fin de la dominación española, pero no las estructuras de la sociedad boliviana. La modernidad sigue siendo cosa ajena, cosa de la "civilización occidental", asunto de gringos, kharas, chinos, japoneses o chilenos. Aquí vivimos todavía las estructuras y la cultura perversa desarrollada en la colonia, que en 1825 asumen la forma de un colonialismo interno. No estamos en el capitalismo, ni siquiera atrasado y dependiente. De ser así otra sería nuestra realidad y transitar. Al menos estaríamos aprendiendo a respetarnos, a apreciar la dignidad de la gente y sus derechos, a apreciar la capacidad productiva y la ley como la ética. Pero, como se ve, vamos de mal en peor. Son las estructuras.