domingo, 5 de mayo de 2013

NUBARRONES ECONOMICOS

Oscar Ortiz Antelo
oscar.ortiz.articulos@gmail.com

Desde mediados de la década pasada, Bolivia y otros países latinoamericanos han experimentado años de grandes y extraordinarios ingresos generados por las excelentes condiciones que nos ofreció la economía internacional gracias al incremento de los precios de las materias primas, hidrocarburos, minerales y alimentos. La tendencia parece revertirse y numerosos expertos advierten que el ciclo positivo está cambiando y que se deben tomar previsiones para evitar caer nuevamente en crisis económicas y sociales.

En el caso de Bolivia, existen además problemas originados en la concentración del incremento de exportaciones en gas natural y minerales, con pocos aumentos en la producción, la casi desaparición de nuevas inversiones y la consecuente dependencia del aumento de los precios internacionales como principal factor de los mayores ingresos percibidos en los últimos diez años.

Una de las principales amenazas para la economía boliviana es la economía argentina, que ya experimenta graves problemas y tiene problemas muy graves para conseguir los dólares necesarios para pagar sus importaciones, particularmente de energía. Si bien el volumen exportado a dicho país es menor que lo que vendemos a Brasil, el monto generado en recursos es vital para el Tesoro General de la Nación, la caja de la administración central que ya tiene una situación muy vulnerable.

Como ha sucedido en anteriores oportunidades, una crisis argentina podría causar que se retrasen los pagos a Bolivia o que se nos proponga pagarnos en especie; cualquiera de estas situaciones tendría un enorme impacto en las finanzas públicas nacionales y desequilibraría los ingresos estatales. Lamentablemente, en el esquema importador argentino, somos el eslabón más débil, puesto que el resto del gas que compra la hermana nación proviene de gas líquido transportado en barcos que no zarpan si no reciben pagos anticipados, mientras que nuestros ductos no puedes ser dirigidos a otros mercados.

El otro gran cliente boliviano, Brasil, también será fuente de preocupaciones, no porque deje de pagar, siempre lo ha hecho, sino porque seguramente las condiciones serán menos favorables a la hora de negociar el nuevo contrato de exportación, el actual vence en 2019. Hace veinte años, cuando se negoció el anterior contrato, se estableció una canasta de combustibles líquidos, como referencia para el precio del gas exportado. Ese momento el petróleo tenía un valor cercano a los diez dólares el barril mientras que en los años siguientes superaría los 140 dólares, generando los ingresos extraordinarios que hemos disfrutado. Actualmente, el gas natural es mucho más utilizado, se han descubierto enormes reservas y se han consolidado precios muy inferiores a los del petróleo, por lo que difícilmente el próximo contrato se base en el precio de los combustibles líquidos, lo que causaría una sustancial reducción de los ingresos por este concepto.

Por si fuera poco, no se han reemplazado las reservas de gas y de petróleo que el actual Gobierno recibió de anteriores gestiones. Los expertos en el área afirman que se requiere un periodo de alrededor de diez años, desde el momento en que se ofrece estabilidad y condiciones atractivas para la inversión, para que se inicie el ciclo virtuoso de exploración, desarrollo de campos, producción y exportación. Como aún no hemos dado los pasos iniciales para transitar este camino, todo indica que en el próximo quinquenio tendremos dificultades para abastecer el mercado interno y cumplir los compromisos internacionales, lo que nuevamente afectará las finanzas públicas.

Frente a estas amenazas, el Gobierno no ha tomado las medidas necesarias que reviertan este camino lento pero inexorable hacia graves problemas económicos. La prematura campaña electoral absorbe su atención. El futuro del país puede esperar.