jueves, 6 de junio de 2013

LA RENTA DEJO DE SER DIGNA

Julio Héctor Linares Calderón
juliolinaresc@hotmail.com

Pensando mal para acertar -como decía mi abuela- los sucesos indican que los montos anuales que se definieron para el pago del Bonosol (primero) y la Renta Dignidad (después), fueron parte de un estrategia de rédito político. Con seguridad que la calidad de vida de nuestros abuelos estuvo al final de los verdaderos intereses del valor de estos bonos que fueron lanzados con fotos y spots.

Así lo hizo Goni en 1997, que pagó el Bonosol por primera vez -¡justo!- semanas antes de las elecciones y logró que el candidato emenerrista de ese entonces tenga una votación que días antes no se imaginaba.

Recuerdo a Usted, amable lector, que el monto que se entregó en aquella época fue de Bs. 1.300 por mayor de 65 años que no gozaba de una jubilación. Se apostaba a que las utilidades que iban a generar las capitalizadas -que debía financiar el Bonosol- iban a ser mucho mayores que las que en realidad fueron y que auguraron los especialistas que jamás fueron escuchados. Por entonces, cobraron 364 mil personas, lo que significó $us. 90 millones, subsidiados por el pobre TGN.

Quien sabe el momento más realista para definir el monto de este bono, vino con el siguiente Gobierno, que entre 1998 y 2001 pagó el Bolivida, un monto aproximado a los Bs. 400 por año, que -se decía- eran las utilidades reales de las capitalizadas.

Con Goni y su terquedad de nuevo en el poder en 2002, se repuso el Bonosol con Bs. 1.800 por mayor de 65 años, las fuentes de financiamiento eran las mismas, lo que derivó en que el bono deba ser subsidiado por el TGN hasta 2007, cuando se inicia el boom de los hidrocarburos.

En 2008, Morales lanza la Renta Dignidad, apropiándose mediáticamente de esta política pública y siguiendo el estilo -meramente político- de definición del monto. Ese año, se fijó en Bs. 2.400; pero no sólo determinó eso, sino que bajó la edad de los beneficiarios a 60 años y se incluyó (con un monto menor) a quienes gozan de una renta jubilatoria.

Esta decisión, que también tuvo en paralelo un interés notable de quitar poder económico y político a las gobernaciones y municipios, pues obligó a financiar la mayor parte de la Renta Dignidad a estos niveles autonómicos; significó que más de 200 mil personas sean incluidas y que el monto erogado por el gobierno se incremente en casi $us 70 millones respecto al Bonosol.

A esto, se suman las malas proyecciones realizadas, pues los cálculos se hicieron sobre proyecciones del INE que estimaban que 650 mil personas iban a ser beneficiados; número que fue superado por 100 mil personas más que cobraron en 2008; ahora, ya casi son 900 mil y el monto anual total del pago se acerca a los $us 300 millones.

Por supuesto que los malos cálculos y decisiones políticas pasan factura y provocan temores, pues la fórmula viene así: los adultos mayores cada vez son más, las proyecciones del ingreso por hidrocarburos se mantienen estables para los próximos años, y el FMI avisa que estemos listos para una baja de los precios internacionales. Resultado: un pobre incremento de Bs. 50 al mes en la Renta respecto a 2008, es decir, un aumento del 25% al bono.

La Renta ya no es digna, cabe resaltar que entre 2008 y 2012, la inflación acumulada en el país suma un 32%, es decir que mejorar en 25% el bono no cubre si quiera el alza de precios.

Asimismo, el incremento del 25% tampoco va en relación al incremento de la recaudaciones del IDH -su principal fuente- pues, entre lo ejecutado en 2008 y el presupuesto de 2013, las recaudaciones por este impuesto han crecido en 43,4%, porcentaje mucho mayor al aumento. Así, la promesa de "a mayores ingresos, mayor Renta", tampoco se cumple.

Esto debe preocupar, pues es el ingreso de más de 700 mil adultos mayores (83% de este grupo etario) que no cuentan con una pensión mensual por la informalidad laboral que hasta el día de hoy no se supera. Está claro entonces, que apostar sólo a ingresos hidrocarburíferos para esta Renta será cada vez menos digno.