sábado, 31 de agosto de 2013

IMPUNIDAD, LA TENTACION DEL PODER ABSOLUTO

Jorge Landívar Roca
jlandivarr@gmail.com

La violación de los derechos humanos a través de organismos como la Policía, FF.AA, jueces, fiscales, etc., es uno de los aspectos característicos de un gobierno totalitario, y ello se presenta cuando el Estado, en lugar de constituirse en garante del orden establecido y regulador de los intercambios, de fuente de protección se transforma en fuente de terror, dejando abierta la posibilidad de activación periódica de las vivencias de desamparo que operan como un factor de desestabilización del psiquismo colectivo. En este sentido la impunidad actúa perpetuando injusticias, delitos, justificaciones a las violaciones de la ley, casi siempre, a través de la tergiversación de los hechos, la negación y la mentira institucionalizada, en un contexto y un discurso que incluso destruye reputaciones.

La impunidad, es un proceso multifactorial que permite a un régimen la realización de crímenes de lesa humanidad contra un grupo civil como parte de una estrategia bajo su amparo. Como mecanismo psíquico de poder y control, acude a la violencia física y emocional para intimidar a quienes no están de acuerdo con las políticas y acciones de un gobierno, produciendo características devastadoras en el ámbito psicológico y social de las víctimas, ante la ausencia de sanción del delito por parte del Estado.

Como instrumento de acción política, la impunidad envía a la comunidad el mensaje de que se haga lo que se haga, los agresores nunca van a ser procesados, enjuiciados y castigados, por lo que resulta una forma de inducir el miedo a los ciudadanos para lograr su inmovilidad y apatía social, es decir, cumple el propósito en términos de las disposiciones predominantes que se dictan, de restringir sus derechos y libertades.

La impunidad, moralmente analizada, conlleva además un elemento característico, cual es la ostentación pública del delito, al tiempo que se niega el haberlo cometido, relativizando su importancia o refutando su existencia. Es decir que desde lo legal, existe un daño que no se castiga, y desde lo moral se agrega un componente que es la burla y el regocijo abierto, ante un cuerpo social amedrentado y transformado en simple espectador. Se sabe que el miedo se contagia más rápido que la peste, sin embargo, el temor desaparece cuando el ciudadano se da cuenta de que sí es cierto que hay un camino para superar la locura.