miércoles, 16 de octubre de 2013

LECCIONES NO APRENDIDAS DE "OCTUBRE NEGRO"

Paúl Antonio Coca Suárez Arana
Twitter: @paulcoca
paulcoca73@yahoo.com

Hace una década, el 17 de octubre de 2003, el Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada renunciaba al cargo tras la insurrección popular más importante que se dio en Bolivia en los 31 años de democracia ininterrumpida que tenemos al presente, culminando así con la época de la "democracia pactada".

"Octubre Negro" de 2003 significó la salida del poder de los partidos políticos "tradicionales", como el Movimiento Nacionalista Revolucionario, Acción Democrática Nacionalista, Unidad Cívica Solidaridad, Nueva Fuerza Republicana, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y se genera el ascenso de partidos como el Movimiento al Socialismo, Unidad Nacional y el Movimiento Sin Miedo. También se incorpora en el plano político a las agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas con fines electorales para permitir participación ciudadana, pero los mismos aun no pueden establecerse en el espacio nacional.

Lo de octubre de 2003 no fue una simple revuelta, sino el resultado del agotamiento del modelo económico neoliberal impuesto en 1985, en donde el ciudadano no apreció progreso, y las protestas estaban a la orden del día, además del descontento generalizado. El neoliberalismo cometió el error de pensar que el crecimiento se mide por números, y no tomando la realidad de las calles, tal como ocurre ahora.

Con la aguda "partidocracia", el voto del ciudadano era negociado por los partidos políticos en el Congreso Nacional y entre ellos se repartían una diversidad de cargos e incluso, era común ver el cómo negociaban una Alcaldía a cambio de otra. En esta gestión, se aplica leyes y movimientos sociales para alejar a autoridades democráticas -y opositoras- del cargo.

Octubre de 2003 dejó lecciones no aprendidas, ya que se sigue implementando medidas impopulares, y cuando causan impacto negativo, se culpa a los pasados gobiernos o se acusa a la minoritaria oposición política, que no está en el poder.

Existe un despilfarro desmedido de los recursos económicos del Estado, en donde antes existían "gastos reservado" y ahora son cheques venezolanos en los que hay escaso control gubernamental; si alguien cuestiona, se lo persigue.

Un gobierno está para servir al pueblo, y no para servirse de él, por lo que los casos de corrupción siguen estando presentes, pero si es un acto de una autoridad opositora, se aplica el peso completo de la Ley, pero si es del mismo oficialismo, no se aplica lo mismo.

Cuando existen protestas ciudadanas o represión policial a ciertos sectores (indígenas del TIPNIS, por ejemplo) los que están en las calles son, para el oficialismo, unos cuantos que no representan a nadie, aunque existan ciudades enteras que cumplen medidas de presión contra una medida poco popular; y siempre terminarán afirmando que es una medida propiciada por un determinado partido de oposición o pagada por algún país extranjero.

Octubre de 2003 nos enseñó que el gobernante tiene que ser humilde, escuchar al pueblo, y obedecerlo; pero ello no debe ser un simple slogan que se repite a la ligera ante los propios seguidores, ya que sería como predicar a los ya convencidos. Se requiere humildad para reconocer errores, y grandeza para corregirlos. De no ser así, un nuevo octubre tocará las puertas del gobernante en cuestión de tiempo, de ese gobernante miope y soberbio.