sábado, 30 de noviembre de 2013

UN REGALO QUE LASTIMA

Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

Cuando se compra un caballo, la mejor forma de saber si será productivo es mirarle los dientes, porque no requerimos comprar algo inservible. Ahora, si es un regalo, no tenemos que observar nada porque es gratuito.

¿Un regalo que lastima? Es probable que aquella persona que regaló "un caballo" haya puesto en el obsequio un sentimiento y que se haya tomado su tiempo para la elección del mismo (pues está segura que dará con nuestro gusto personal) en la esperanza de ver en el rostro del que recibe una suerte de devolución expresada en una leve sonrisa para sentir que su trabajo estuvo bien hecho.

El doble aguinaldo que tomó "en curva" a los micro-empresarios, pequeños, medianos y grandes, provocó dar lugar a un "diciembre negro", en que el sentimiento navideño quedó lejos de su intrínseco significado, porque la preocupación de un numero importante de firmas industriales, comerciales y otras, vivirá el tormento de buscar la manera de hacerlos efectivo. Imaginemos aquellos que no tienen capacidad de pagarlo: ¿tendrán que prestarse? ¿Tendrán que reducir personal? ¿Tendrán que cerrar su empresa?

De otro lado el efecto de "este regalo que lastima", dará margen a que se ejerciten subterfugios impositivos, salariales y otros. El beneficio navideño, en el ánimo de flexibilizar su pago será diferido hasta febrero del próximo año y más.

Todo empresario genera empleo sostenible. Pero no le permite sufrir una preocupación social agregada. Su presupuesto se basa en el rendimiento que tendrá su producción. Incentivará entonces a sus dependientes con proyectos de expansión. Pero si "en curva" asoma un decreto arbitrario (que sólo beneficiará a los militantes y dirigentes activos del MAS), pondrá en condiciones precarias su línea económica.

El otro tema problema es el efecto inflacionario, pues el exceso de liquidez fomenta el aumento general de los precios del mercado. La importación y exportación alteran esta realidad. Cuando el nivel general de precios sube, la inflación refleja la disminución del poder adquisitivo.

¿Y los jubilados? Vivirán como un reloj inútil, porque siempre es un mundo que dejó de ser atendido: Quedan en un tiempo estéril y están paralizados en medio de la nada. Los rentistas son una especie de tristeza atascada en el tiempo, y una niebla espectral domina sus días. Están más cerca de la mueca que del acto de sonreír. Y con razón recitan la letra de aquel tango que dice: "...el mundo fue y será una porquería".

Lamentamos sin parar una plenitud que jamás tuvimos. El quehacer nacional es una antología de la impotencia colectiva: aparte de la frustración y el resentimiento, somos un infierno disfrazado de paraíso perdido, y varias expresiones acuñadas por analistas y politólogos resumen los rituales de este cruel panorama navideño.

Dados los términos imperantes, no tenemos solución alguna, salvo reinventarnos, inventar un "doble aguinaldo" .Se expresa que "del propio mal sale la vacuna". Veamos entonces a quienes nos gobiernan y asumamos eso como un espejo donde nuestra propia deformidad emite señales negativas. No faltan los políticos masistas, que en el río revuelto quieren conquistar simpatías, cuando deberían reflexionar y tomar actitudes inteligentes y no de color amarillo.

No obstante, convendría que recuperemos el contacto con la naturaleza y la capacidad de hacer que de la tierra salga nuestro propio pan y donde la existencia se asuma como una celebración, no como un "regalo que lastima", donde el hombre y la mujer cultiven la ternura y la visión profética, donde nazcan nuevos niños para los cuales será preciso crear escuelas que enseñen el arte de vivir, en vez del fácil decreto de improvisar que hoy gotea sin parar con una baba caníbal.