lunes, 26 de mayo de 2014

¡YO SOY PROFESIONAL!


Álvaro Jordán

"yo soy profesional y este es un trabajo más". Es una frase con la que se justifica todo profesional cuando ha realizado un trabajo criticado por el público: el abogado, el periodista, el historiador, el artista y cualquier profesional cuyo trabajo es encontrado en contradicción con algún interés público y también con algún interés privado.

La verdad es que no hace falta ser profesional para caer en situaciones para algunos censurables, pero es que el título de profesional otorga un cierto respaldo de compromiso con el cumplimiento del trabajo comprendido por la profesión, al margen de obligaciones éticas o morales. Como quien dice: yo por ser profesional puedo hacerlo.

En un medio como el nuestro y en todo el mundo, donde el trabajo es escaso, de profesionales y no profesionales, por la necesidad de lograr los recursos para vivir y más aún cuando se tiene responsabilidades familiares, como son los hijos, la gente no está con los remilgos de  mantener el comportamiento acorde con el pensamiento y en correspondencia con el del jefe y/o el del público. En un mundo conflictuado por la disciplina del poder, lo primero que exige el jefe es la lealtad, dónde al dependiente le debe importar poco  el pensamiento personal o su inconsecuencia con terceros, él tiene el interés fundamental de proveer a su familia. Este argumento es tan fuerte cuando se trata de la sobrevivencia que en algunos sectores se llega a justificar hasta a la delincuencia.

En regímenes autoritarios y en general regímenes con una línea sectaria, como son nuestros países se llega al extremo de conculcar principios fundamentales, reconocidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como es el invento de actos sediciosos para eliminar la oposición y si es necesario provocar muertes y masacres como las de Pando o los del Hotel Bolívar en Santa Cruz. Ni que decir del cierre del espacio mediático al pensamiento crítico cuando este es contrario a la línea del medio, situación generalizada en todo el sistema mediático boliviano y en general del mundo, sometido a un sistema de poder y por supuesto con mayor fuerza en el espacio del trabajo.

De modo que nada debe preocupar que algún profesional no sea consecuente  con el público cuando  realiza su trabajo. Los historiadores se dedican simplemente a repetir hechos que satisfacen a la escuela conservadora, sin ningún enriquecimiento interpretativo, los periodistas se limitan a las noticias sin ningún análisis orientativo, que pueda herir los intereses del sector de poder, los profesores repiten a sus alumnos lo que les indican desde los centros coloniales para asegurar el sometimiento, los artistas transmiten un arte sin creatividad, afectando su esencia, pero cumpliendo con los patrocinadores, en fin, nos encontramos en un medio adocenado intelectualmente por la imposición del poder. Es un espacio que se ha profundizado, particularmente desde las dictaduras militares. Forma una camada poblacional ausente de espíritu crítico, con representantes sin compromiso con la verdad y la justicia, pero obediente al poder.

Es en los campos superestructurales donde el trabajo de los personajes públicos tiene obligaciones éticas, morales y compromisos asumidos con la sociedad. Deben  ser respetuosos de los intereses del público al que se dirigen, con ellos existen obligaciones porque tienen funciones motivadoras, orientativas, formativas y hasta ejecutivas, muy importantes para el crecimiento de la sociedad.  

El historiador no puede ser simplemente un relator de acontecimientos pasados, se precisa que este sea capaz de interpretar las causas de los acontecimientos históricos para no repetir los mismos errores. El periodista no puede ser un simple informador, debe ser capaz de interpretar la actualidad  para orientar el caminar de la sociedad, el educador, ya sea maestro, profesor o catedrático, así como el artista tiene en sus manos la formación de la esencia del ser que permite su transformación para convertirlo en el artífice de un futuro cada día más humano.

Como resumen hay que decir que se está frente a las dos expresiones básicas del ser en la sociedad. La primera tiene relación con una función existencial del individuo, la necesidad de cubrir las necesidades personales elementales, entre las que se encuentran la seguridad de su familia. Es la conformación  y consolidación del elemento básico de la sociedad. Aislado nos lleva a una sociedad individualista y egoísta. La segunda tiene relación con la función social del ser, es la importancia de complementar intereses diversos para lograr cambios en beneficio del conjunto, su radicalización nos lleva a la robotización del ser, al olvido y desprecio del individuo.

Como conclusión, evidentemente el ser, cuya esencia es individual y social simultáneamente, debe encontrar el equilibrio del medio justo entre estas dos funciones, que no se reflejan ni en el capitalismo, ni en el socialismo utópico. El humanismo superior es el que propone el respeto a esta dualidad del ser, superando las posiciones extremas en las que se debate el actual sistema del poder en su agonía.