martes, 22 de julio de 2014

COMO ACREDITAR EL CONOCIMIENTO


Jaime Chumacero López

Un amigo de Facebook, hizo público una fotografía de un documento estadístico de las unidades educativas existentes en Cochabamba en 1914 (hace 100 años), en dicho documento se describe la situación emergente que se vivía en ese entonces, a causa de la apertura de unidades educativas que pretendían, imponer nuevas reformas en el proceso enseñanza y aprendizaje; la tutela de la administración académica de dichas unidades educativas, correspondía a la universidad, a la cabeza de su Rector, por lo que, toda solicitud de reformas ya sean pertinentes o no del sistema educativo, había que hacerlas a la universidad.

El Amigo, cuyo nombre es Roberto Laserna, se sorprendió con el hallazgo, y mucho más aún, que desde hace una centuria y quizá más, estamos, como país, con el eterno tema de la reforma educativa; él amigo, plantea pertinentemente, que quizá sea mejor no hablar de reforma, sino de anti reforma; claro si las reformas nunca dan resultado, lo mejor es hablar de una anti reforma, en el sistema educativo nacional. Por más contradictoria que esta parecería ser, sin embargo parece también tener la coherencia, y asumirla como un buen planteamiento, la "ANTI REFORMA EDUCATIVA NACIONAL DE BOLIVIA".

Y claro, si la reforma permanentemente ha buscado las diferencias de forma y no de fondo, entonces la anti reforma debe estar incrustado en las cosas de fondo, tales como, el de definir como supremo objetivo de la educación, "al conocimiento", ya que al parecer las reformas buscan como fin supremo tan simplemente "la titulación".

Si definimos como bien supremo de la educación "al conocimiento", sin embargo esto, es un proceso constante y continuo que tiene que ver con cada individuo, sus predilecciones, sus creencias, sus necesidades, sus entornos, sus internalidades y externalidades, sus estrategias y maneras de encarar diferentes problemáticas, en fin la vida misma, que define a un individuo dinámico, y sin límite, en contraposición de lo que representa la estructura educacional y el sistema educativo, la misma que se encuentra limitada, esta tiene un límite y acaba con la titulación, que supone la acreditación del conocimiento con un título, ya sea esta de bachiller, título de técnico medio y superior, título de licenciado, título de bachiller superior, título de diplomado, título de maestría y los supremos títulos de doctores phd y mas…, además suponen que para la obtención del grado superior, debe necesariamente contar con el título del grado inmediatamente inferior, y así sucesivamente, montándose una superestructura del titulismo.

Y el ciudadano, que cuenta con supremas estrategias de vida, y a cada paso desarrolla otras tantas, en el avatar de su existencia, merece un título?, por más innovador que sea su estrategia puesta en práctica de su solución a problemas concretos, merece un título?, por más eficiente que esta sea, merece un título?, yo creo que si merece un título, además in crescendo, en función de la trascendencia de la solución innovadora, no obstante que este no haya cursado estudios e incluso ningún estudio en la estructura educativa que impone el titulismo, dado que ahora y siempre, uno no necesita de la estructura educativa, para generar su propio conocimiento, ni que decir en estos tiempos, en que la información brota a raudales y se encuentra disponible en donde sea, requiriendo tan solo de mente acuciosa y creativa, que puede disciplinarse en función de la iluminación del tema emprendido.

Ese ciudadano, es merecedor de un título, convengamos que el conocimiento si requiere de una acreditación, pero esta acreditación, no necesariamente debe pasar por la estructura educativa, mediante reformas educativas perennemente fracasadas, sino que se debe habilitar opciones de titulación, que acrediten su conocimiento mediante un sistema de acreditación nacional abierta y amplia.

Quizá el sistema nacional existente, relacionado a derechos de autor, debería ser ejemplo para lograr la acreditación del conocimiento, claro, un innovador, presenta su invento, sistema, modelo, mecanismo, teoría, novela, música, poema, diseño, para patentarlo como de su autoría. A la entidad de derechos de autor poco le importa el título del autor, le interesa el producto que se ha presentado, para optar el derecho de autor, por lo tanto considero, que esta entidad, debería ser la encargada de otorgar títulos al conocimiento del emprendedor, finalmente el producto vale simplemente por o sirve o no sirve, en tanto que el actual sistema del titulismo no sabemos, ni nunca lo sabremos si sirve o no sirve, ya que es tan solo un disfraz, que no necesariamente acredita sapiensa.