jueves, 7 de agosto de 2014

LA ECONOMÍA BOLIVIANA EN LA ENCRUCIJADA ELECTORAL


Bernardo Corro

¿Qué está en juego en las elecciones de octubre?  ¿Se trata solo de cambiar un presidente por otro? ¿Se trata de cambiar o fortalecer el autoritarismo actual? ¿Se trata de mejorar o estancar la economía y las condiciones de vida? Las respuestas a estas preguntas no están claras. Los padres de familia aún no saben cual será el futuro para sus hijos y para el país.   

Uno de los interrogantes serios es sobre el desarrollo económico futuro. Las políticas aplicadas en los últimos años no contribuyeron a resolver el grave problema del atraso económico, del empleo y de los ingresos de las familias. Muchos se dan cuenta que el país vive actualmente una prosperidad superficial y efímera, que pronto cambiará cuando caigan los precios internacionales del gas que el país exporta.

1. El modelo burocrático y el "síndrome holandés".

El modelo económico burocrático actual se encuentra en efecto, fuertemente influenciado y dependiente del fenómeno económico conocido en la literatura económica como el "síndrome o la enfermedad holandesa". La enfermedad consiste en que por la fuerte demanda cíclica internacional de recursos naturales, como el gas, los ingresos crecientes del país desde el año 2004 generan consecutivamente una fuerte demanda al exterior de bienes manufacturados de consumo y otros. Las importaciones en aumento de estos bienes, por vía de importaciones legales e ilegales, se traducen en una competencia desleal y avasallante sobre los productos manufacturados nacionales. Esto genera quiebras y pérdidas a los productores nacionales grandes, medios, chicos  y micros, incluyendo a los campesinos e indígenas, de los diferentes sectores y regiones. El incremento del consumo interno de algunos sectores sociales, fenómeno que ocurrió en varios países latinoamericanos, contribuye al bloqueo de importantes sectores productivos internos.

Por otra parte, los ingresos crecientes del Estado por las exportaciones de gas (así como otros ingresos anuales, como el narcotráfico y las remesas de bolivianos en el exterior), se traducen en un incremento del gasto público y privado en la economía. Estos gastos generan, sin embargo, altas presiones inflacionarias, que el gobierno aplaca con la oferta externa, con importaciones y el contrabando. De este modo, los sectores productivos internos se encuentran bloqueados en su desarrollo.

El modelo económico burocrático actual, dependiente de los recursos naturales, en lugar de enfrentar al fenómeno cíclico de la enfermedad holandesa, se ha sometido a su dinámica, lo ha convertido en su "modelo económico", y no ha tomado las medidas para un desarrollo interno diversificado y equilibrado de largo plazo.      

2. Estancamiento de la matriz  y efectos en la economía.

El gobierno ofreció en 2006 con el Plan Nacional de Desarrollo y lo repitió en 2010 con la Constitución Política del Estado que para lograr el desarrollo era necesario cambiar la matriz productiva y "pasar de un modelo productor y exportador de materias primas a un modelo productor y exportador de manufacturas". Nueve años después, sin embargo, el país continúa con la matriz productiva de hace cien años y dependiendo cada vez más de la exportación de gas. No se generó en los últimos años ni ampliación de la producción de materias primas ni la diversificación de las actividades productivas. Los factores estructurales profundos que generaron el atraso histórico de largo plazo y el subdesarrollo permanecen y se amplían.

El estancamiento acentuado con el modelo burocrático de Estado tiene varias consecuencias negativas. Primeramente, la promesa de pasar a "un modelo productor y exportador de manufacturas" fue interpretada por el gobierno de manera burocrática, restrictiva y excluyente. En lugar de promover con ese objetivo el desarrollo de los diferentes sectores productivos, el gobierno se ocupó únicamente de potenciar al sector estatal extractivo y excluyó a las empresas micro, pequeñas y medianas, es decir, a la inmensa mayoría de las fuerzas productivas del país. Al cabo de 9 años, sin embargo, la élite burocrática en el poder no logró ni siquiera plantar los cimientos de una base industrial estatal sólida y diversificada de recursos naturales ni tampoco impulsar la integración de los sectores empresariales medios, chicos y micros con la transformación de los recursos naturales. El 90% de las empresas del país y del empleo, urbano y rural, continúan aislados y atrasados, sin perspectivas de desarrollo.

En segundo lugar, las unidades empresariales medias, chicas y micros, no solo fueron excluidas sino que sufren también cada vez más por la política gubernamental antiinflacionaria de promoción de importaciones y del contrabando de bienes manufacturados y alimenticios. Con el pretexto de "bajar la inflación y el costo de la canasta básica de los alimentos y bienes de consumo", el gobierno abre ampliamente las puertas a la producción externa y bloquea el desarrollo y la modernización de las pequeñas unidades productivas nacionales.

En tercer lugar, al bloquear las actividades mencionadas, el gobierno bloquea simultáneamente la innovación y el desarrollo tecnológico de las mismas, lo que significa, el bloqueo del mejoramiento tecnológico del sector productivo mayoritario del país. El desarrollo futuro  productivo y tecnológico del país se encuentra, por consiguiente, bloqueado y las empresas mayoritarias se ven imposibilitadas de modernizarse para enfrentar la oferta externa. Programas gubernamentales lujosos tales como el satélite, el teleférico o la distribución de computadoras  no podrían contribuir a la modernización  de las empresas más chicas, pero sí contribuyen al aumento de la dependencia tecnológica externa.  

La opción del modelo burocrático de potenciar únicamente los enclaves extractivos estatales y a los monopolios privados aliados beneficiados con la "enfermedad holandesa", se traduce en que éstas, intensivas en altas tecnologías, incrementen anualmente su propia dependencia de las importaciones de tecnologías e insumos extranjeros. Como resultado, el modelo burocrático y monopólico actual se caracteriza, por una parte, por incrementar su propia dependencia tecnológica externa y, por otra parte, por causar el bloqueo tecnológico de la gran mayoría de las empresas más pequeñas de los diversos sectores productivos. 

En cuarto lugar, la opción de la élite burocrática por potenciar en prioridad al sector estatal y a los pequeños grupos monopólicos privados, excluyendo a las empresas privadas más pequeñas, bloquea la diversificación sectorial de las actividades productivas. En este contexto, el sector industrial manufacturero privado más pequeño continúa constituido mayoritariamente, como hace cien años, por las actividades de producción de alimentos y bebidas, es decir, por actividades fuertemente atrasadas en tecnología y sin capacidad de integración tecnológica dinámica con otros sectores tanto internos como externos, tanto urbanos como rurales. Estas empresas atrasadas, al preservar su tecnología atrasada, no tienen capacidad para impulsar y arrastrar el desarrollo de otras cadenas productivas situadas en los diferentes sectores como en la pequeña y mediana agricultura, en la minería, en la agroindustria, en la metalmecánica y otras.

En quinto lugar, la opción burocrática de limitar su política económica al potenciamiento de los enclaves extractivos estatales y monopólicos privados y a la no diversificación productiva, no tiende tampoco al desarrollo de las diversas regiones del país. El modelo burocrático se encuentra en realidad imposibilitado estructuralmente de promover el desarrollo equilibrado de los diversos sectores productivos ubicados en las diversas regiones.

3. Las Mypes y las artesanías urbanas.  

Las micro y pequeñas empresas ya sean de los sectores productivos, de servicios y comerciales del sector urbano, es decir, la gran mayoría de las empresas de las ciudades, son las que más sufren –junto con los campesinos e indígenas- de la política estatista burocrática. Para reducir las fuertes presiones inflacionarias provocadas por la política de potenciamiento y de dependencia externa de los enclaves extractivos, el gobierno promueve las importaciones masivas y el contrabando de bienes manufacturados y de consumo a precios bajos. Las Mypes, bloqueadas por las políticas gubernamentales que impiden su desarrollo tecnológico se encuentran incapacitadas de competir en igualdad de condiciones contra estos productos, por lo que sus mercados locales se reducen cada vez más. 
Frente a la situación económica y social cada vez peor de los pequeños productores, artesanos y comerciantes de las ciudades, el gobierno implementó hace poco un programa de "microfinanzas y microcrédito" dirigido a promover sus actividades. En años anteriores tanto este gobierno como los anteriores ejecutaron programas similares pero no dieron resultado. Estos programas, caracterizados por créditos a bajas tasas de interés y largos plazos, impactan negativamente contra la economía de estos productores, porque tienden a incrementar la sobreoferta de sus bienes y a provocar la caída de sus precios. Con estos programas la oligarquía burocrática de Estado somete a los pequeños productores a una competencia capitalista desleal que les limita sus posibilidades de sobrevivencia.

4. Los pequeños campesinos e indígenas.

Los pequeños campesinos y los indígenas constituyen otro importante sector social y productor fuertemente golpeado y explotado por el modelo estatista burocrático. La oligarquía burocrática somete igualmente a estos pequeños campesinos a la competencia capitalista más sañuda y desleal con las importaciones y el contrabando masivo de bienes agrícolas y alimentarios. Con el objeto de reducir la inflación de los precios de los alimentos provocados por su política de enclaves extractivos, el gobierno fomenta, por una parte, las importaciones y el contrabando de alimentos y, por otra parte, ejerce una política sañuda de represión de los precios de los campesinos e indígenas en los mercados locales y citadinos. El gobierno no hizo nada en estos 9 años para fortalecer la capacidad productiva de los pequeños campesinos e indígenas de los valles, del altiplano y del trópico para que pueda enfrentar a las importaciones y al contrabando. Además, con el objeto de deprimir aún más y permanentemente los precios de los campesinos e indígenas el gobierno implementa en estos sectores  "programas de desarrollo agrícola" tendientes al incremento del volumen de la oferta agrícola y a la caída brutal consecutiva de los precios. Estos programas se realizan con el suministro de fertilizantes y con crédito agrícola, muchas veces mediante tasas elevadas de interés. La caída de precios genera, sin embargo, fortunas  a pocos intermediarios y comerciantes, pero logra la reducción del costo de la canasta básica en las ciudades, que es el objetivo mayor del gobierno. El gran perdedor y el más explotado con estos "programas de desarrollo" del gobierno "indígena-popular" es, lamentablemente, el pequeño campesino y el indígena de las distintas regiones.  

El modelo estatista burocrático causará, con el tiempo, otros efectos en la sociedad, a medida que descienden los precios de las materias primas en el mercado internacional. Este descenso ya comenzó en realidad. Uno de los efectos será el descenso del gasto público gubernamental, lo que repercutirá en la disminución del financiamiento de los programas del gobierno. Esta situación no será bien recibida por los distintos sectores de la población. En previsión de las protestas populares, el gobierno se prepara para modernizar y fortalecer sus aparatos represivos.