domingo, 10 de agosto de 2014

UN PIANO Y UN VIOLÍN


Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

Con un programa que incluyó obras de Bach, Grieg y Franck, el renombrado violinista Jaime Laredo y la pianista Ana María Vera, llevaron a efecto un extraordinario concierto.

Juntos en homenaje al día de La Patria, obsequiaron un recita del más alto nivel.

Samuel Doria Medina, junto a la Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce), previo al concierto, hicieron la presentación oficial, en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF), a los dos renombrados maestros de música clásica a nivel mundial.

Luego se presentaron en la ciudad de La Paz, el miércoles 6 de agosto como homenaje a las fiestas patrias y también repetirán el concierto en los departamentos de Cochabamba el 13 de Agosto, en el salón portal y en Santa Cruz el 20, en instalaciones del Museo de Historia.

Está indeleble en la memoria, aquella niña prodigio que suavemente se apoderó de la dulce melodía de Haydn, resbalando sus manos por el teclado, mientras las cuerdas de la fuerza del noble instrumento se exaltaban en un sonido intenso.

Transcurría así la música, la melodía del sonido clásico con notas inquietas del misterio del alma de la artista. Conjugaban música y melodía, en medio de un tierno sonido melancólico que emergía y se desvanecía en la magia de aquel concierto junto al pulso magistral en cada tecla del piano en que asomaban las manos de Ana María.

Está indeleble también el sonido que desprendió Laredo en aquel concurso que le dio el primer premio.

De su violín vibraba la música desde las más suaves y graves ondas sonoras que producía el arco y los delicados dedos de Jaime en cada cuerda del instrumento. El bellísimo sonido que salía acústico de la caja del violín hizo estremecer el alma de los melómanos de todo el mundo.

Acariciaba goloso su alma feliz, atenuando el movimiento preciso de las notas de Beethoven que con don angelical en él persistía la técnica magistral de sus manos que le daban vida a su fiel violín.

Su mejilla acariciaba su cuerpo vibrante, para que suene el violín en una expresión dulce, emanando del cielo la música, el triunfo y más tarde la fama.

En la presentación los dos maestros se mostraron muy felices de retornar a Bolivia sin haber imaginado realizar un concierto en homenaje al país.