miércoles, 18 de marzo de 2015

[Aula Libre] La demencia del despilfarro o por qué es tan caro ser dictador



La demencia del despilfarro o por qué es tan caro ser dictador


Cynthia Perou G.            

 

Todos estamos cansados y enfermos de escuchar sobre los desconsiderados, inútiles e insultantes excesos del régimen que nos atormenta hasta el 2020.  Pero, contrario a lo que pensábamos, parece que el derroche de recursos públicos no es un defecto o algo parecido, sino un síntoma que señala una terrible enfermedad: el autoritarismo (seguro que pensaron que iba a poner la estupidez).  En efecto, si damos un vistazo global y nos detenemos un momento en los lugares donde la democracia es una pantalla, una falacia o, finalmente, una mala palabra, nos daremos cuenta que el indiscriminado derroche y despilfarro de los recursos públicos y el dinero de los contribuyentes tiene estricta relación con la calidad de la democracia. Es como si pudiéramos aplicar una fórmula casi matemática al asunto: mientras más sólida es la democracia, menos dinero se gastan las autoridades; por el contrario, mientras más débil son las estructuras de la democracia, más dinero y recursos van a parar a manos de los gobernantes.

 

No creo, ni por asomo, ser una pionera en advertir este fenómeno, pero quiero aportar un enfoque nuevo y ver si podemos tratar a estos gobernantes como enfermos y  analizar si es posible una cura. Finalmente, muchos de estos pacientes murieron sin haber recibido ningún tratamiento, dejando tras ellos pueblos devastados por la pobreza, la crisis y, hasta la guerra.

 

Ahí tenemos a Luis XV, al infame Adolf Hitler con sus delirios de un Reich que duraría 1000 años y una megalomanía que terminó con su muerte y cincuenta millones de seres humanos más; Josef Stalin, Idi Amín, Augusto Pinochet, Francois Duvalier y su Baby Doc; Muammar Khadafi, Sadam Hussein, Hugo Chávez, Evo, la Kirschner, Nicolás Maduro, Vladimir Putin y, claro, toda la genealogía de esa extraña familia Norcoreana, más una infinidad de líderes del Medio Oriente y  otra del África.

 

Si nos ponemos a pensar un minuto, veremos que el derroche aberrante y los ofensivos lujos son una característica de todos estos individuos que tienden a compensar sus tormentosos complejos de inferioridad con el dinero ajeno. Se construyen plazas, estadios, nombran calles, avenidas y hasta pueblos y ciudades con sus nombres o derivados. Les gusta verse superiores a sus gobernados, haciendo uso indebido de los recursos que no les pertenecen, aparentando así que son una nueva élite con poder y dinero (ajeno), asemejándose a criminales, más que a gobernantes.  Son autoritarios, anti democráticos e ideológicamente les gustan los extremos.

 

Observemos a Kim Jong-un en Corea del Norte, donde la gente literalmente muere de hambre en las calles, mientras él prueba misiles de largo alcance; Vladimir Putin que se involucra en guerras clandestinas y juegos de guerra con Venezuela, mientras la economía –si se la puede llamar así- rusa retrocede al estalinismo. Nicolás Maduro, quien "guarda" una reserva de 12.500 millones de dólares en Suiza para su retiro, mientras su hijo es filmado en una boda tirando dólares al aire como lo haría el más desvergonzado de los narcos y la gente, el pueblo de Venezuela, tiene que hacer filas épicas para conseguir cosas básicas.  Todos ellos están enfermos, mentalmente enfermos, pero obviamente lo niegan. La aceptación de estos tiranos sobre la enfermedad que padecen, será el primer paso para su curación, mientras tanto, seguiremos viendo como se dan la gran vida con nuestros recursos. 

Podría seguir y seguir, y hablar del satélite y el avión y la casa del pueblo, pero como dije al comienzo, ya estamos cansados y enfermos del tema.



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Enviado por: CYNTHIA PEROU <cynthia_perou@hotmail.com>


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