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miércoles, 2 de septiembre de 2009

DEFLACION DE ACTIVOS FINANCIEROS

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Hay un consenso generalizado en la economía de que se debe impedir la inflación de precios de los bienes y servicios. Si la inflación de precios de los bienes y servicios es una enfermedad en la economía que se la debe combatir, ¿por qué no se aplica el mismo criterio cuando se trata de los precios de los activos financieros? Aun más, se sabe que su deflación es destructiva para toda la economía real.

No hay duda alguna que todo vendedor quisiera que el precio de lo que vende suba permanentemente, para de esta manera obtener mayores ganancias, acontecimiento no factible porque enfrenta una competencia de muchos productos similares o sustitutivos. Pero si suben simultáneamente todos los precios porque hay inflación, el incremento de precios que hace un vendedor cualquiera es el resultado de traspasar sus costos más elevados a los precios de lo que vende, consecuencia de la misma inflación, permaneciendo constante su ingreso real por su actividad económica. No se puede consumir bienes y servicios cuando no se dispone de los recursos reales para producirlos y que son los factores productivos. La inflación es el efecto de querer consumir más de lo que se produce, es la expresión de una economía que tiene un desequilibrio, donde la demanda de bienes y servicios es mayor a la oferta de los mismos y, en última instancia, como secuela de la existencia de mucho "dinero" circulando en la economía.

El mismo deseo que tiene el vendedor de cualquier cosa tiene el ahorrista. Quiere que el precio real de su ahorro suba para ganar más. En una economía simple la ganancia que recibe es una tasa de interés y punto. En economías financieramente avanzadas, como lo es EEUU, la principal ganancia no está en la tasa de interés sino en las alzas del precio del activo financiero, que obtuvo a cambio de su ahorro.

Según la teoría económica, en la medida que la escasez relativa de algo disminuye su precio real también debe disminuir. Esto quiere decir que si aumenta el ahorro real de las personas porque las naciones pasan a ser económicamente desarrolladas, la tasa de interés real, que es su precio, debe bajar. Un millonario debería darse por satisfecho que sus millones no pierdan valor y punto.

A diferencia del productor, que no hay quién le garantice un precio creciente de lo que ofrece, en el mundo financiero se difundieron "gestores" para hacer realidad este sueño de los ahorristas, aunque de manera volátil. Es el mundo del Wall Street. Consideremos al legendario Indice Dow Jones como un indicador representativo de este mundo en los EEUU. Mientras su tasa de inflación de los precios de los bienes y servicios, en general, subió en un 3 por ciento, cada año, en el periodo 1929-2007, los precios de los activos financieros, con una gran varianza, subieron en un 4.9 por ciento, en el mismo periodo, es decir más de un 60 por ciento, cada año. ¿Por qué esta diferencia?

Pero la disparidad se hace más intensa si comparamos el comportamiento de la inflación, en el periodo 1970 y 2007, con los precios de los activos financieros, la inflación acumulada hasta el año 2007 es de algo más de tres veces con relación al año 1970, mientras la inflación de precios de los activos financieros es de ¡16 veces! para el mismo periodo y medido por el Dow Jones. Ni qué decir de otros papeles de "renta variable", que aparecieron en el sórdido e intransparente mundo de los "Hedge Founds", en estos primeros años del siglo XXI, y que tuvieron ganancias muy superiores a las del legendario Dow Jones. Como nunca se presentó un claro divorcio entre precios del mundo real con los precios del mundo ficticio de los activos financieros, y como consecuencia de la plena liberalización de los mercados financieros, que se dio a partir de los años 80, que con precisión se debería calificar como el "fundamentalismo de los mercados financieros".

La deflación de activos financieros que el mundo vivió a partir del mes de septiembre de 2007 y que duró hasta marzo del año 2009 es simplemente un correctivo que confirma la no existencia de una riqueza real que sus poseedores creyeron tenerla. Y esta deflación ha sido detenida artificialmente, en los EEUU, también por otro medio artificial que es la inyección masiva de dinero, lo cual explica que el Dow Jones otra vez enseñe un continuo aumento de abril en adelante. ¿Hasta cuando será? Su recuperación no es real.

jueves, 30 de abril de 2009

Persistencia de la crisis

Alberto Bonadona Cossío
abonadona2001@yahoo.es

Para tener alguna idea de lo que pasará en la economía nacional no hay más que ver lo que ocurre en los mercados internacionales y, especialmente, en la economía de los Estados Unidos. Lo que se observa son variados signos discordantes en apariencia en los indicadores financieros y en los de mercancías. A muchos la recuperación de un par de días en los precios de una acción o de un mineral o, incluso, las enormes ganancias que el primer trimestre alcanzó el Banco Wells Fargo, les infunde un gran optimismo y ven la recuperación de la crisis a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la profundidad de la crisis no está para exagerados optimismos. La economía norteamericana se encogió en 6,1% durante el primer trimestre, de acuerdo a las cifras oficiales publicadas al final del mes de abril. La inversión privada estadounidense se desplomó en 38% entre marzo de 2008 y marzo de 2009. La economía que inició la crisis y que será la que debe iniciar el retorno a la recuperación todavía no muestra signos alentadores, peor aún cuando la amenaza de una deflación continua presente al haber caído el IPC estadounidense en 0,4% en lo que va del año.

La deflación, o sea, una caída sostenida de los precios, es más desconocida para los economistas que la inflación. Algunos remedios a esta última han sido más exitosos y el desconocimiento de cómo salir de una persistente caída de precios es todavía un misterio para la ciencia lúgubre (así fue como calificó Keynes a la ciencia económica). Todo indica que más días sombríos se asoman en el horizonte de la economía mundial y, aquí en Bolivia, recién se escuchan voces oficiales aceptando que la crisis llegará a Bolivia. Aunque ya se mostró en muchas esferas, el reconocimiento por parte del Presidente del Banco Central es todo un acontecimiento frente a las negaciones y disfraces que otras autoridades le han dado al impacto de aquella en la economía nacional. No podía esperar otra cosa de un economista como Gabriel Loza quien ha declarado "que hay una disminución del ingreso disponible, que el desempleo puede aumentar en algunos sectores.... que tendrá un impacto en la pobreza, está claro."

Aún así, el pronóstico del BCB que coloca alrededor del 5% el crecimiento del PIB en 2009 es muy optimista. El mayor impacto de la recesión de la economía americana recién está por alcanzar con toda su virulencia a la débil economía boliviana y su crecimiento no superará el 2%. Al igual que castigará violentamente a economías más grandes, como la China o la India, porque son considerablemente dependientes de Estados Unidos por sus gigantes exportaciones a este último país, también afectarán al Brasil y Argentina a quienes vendemos gas, al igual que a Corea a quien vendemos zinc. Aunque este mineral recuperó en algo sus precios a tal punto que ha hecho que se reabran algunos centros mineros en Oruro y Potosí, es una recuperación efímera y posible respuesta especulativa que aprovecha la volatilidad de los mercados para ganar en medio del remolino financiero. No es momento de dejarse llevar por convulsivos movimientos del mercado es mejor actuar preventivamente frente a una crisis cuya malignidad acrecienta sus efectos en Bolivia.